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Las lecciones de Sygne de Coûfontaine. El poder de las mujeres y Las mujeres de poder* – Markos ZAFIROPOULOS

DOSSIER

ARTICLES EN LANGUE ESPAGNOLE

*Jornada del 1è de enero de 2015 del Cercle International d Anthropologie Psychanalytique

 

Antes de proponer una especie de esquema director propio para ordenar nuestro punto de vista sobre las relaciones complejas partiendo del campo socio político sobre el destino de la mujer. Primero que todo, quisiera que nos refiriéramos al centro del ejemplo clínico, que nos pone una vez más, con Lacan, en la pista de los trazos, posiblemente los más distintivos de lo que yo llamaría la situación de la mujer frente al poder político y social de la modernidad. Situación que fue personificada de manera paradigmática por aquella que Lacan hubiera escogido en el libro viii del seminario titulado Le Transfer[1], como analizador de lo que es en la actualidad el mito de Edipo, polarizando lo inconsciente del sujeto de la modernidad; sujeto aquí en femenino, a saber : el sublime Sygne de Coûfontaine  en el que Claudel sitúa el destino trágico en el ambiente del drama postrevolucionario durante el cual Francia de Nombre-del-Padre (sobre el contenido) y donde el poder napoleónico se instala, aunque ya sacudido por la restauración que vera transitoriamente Luis XVIII para recuperar el trono de Francia.

 

En resumen, bajo la pluma del poeta, escribiendo una trilogía – que en el paso desmiente la idea de la ausencia de tragedia en la modernidad -, los machos de Francia se peleaban por el servicio de los bienes y la primera escena de L‘otage[2] se abre bajo los encuentros de los Coûfontaines. En esta primera escena, Sygne cuenta a su primo de regreso de la guerra como, después del asesinato de sus padres y del desmembramiento del dominio familiar, Ella se empecinó en volver a dar su unidad al yo-ideal típico del dominio. De la misma manera como ella se empecinó en recomponer el crucifijo. El hombre de bronce, una vez supliciado por el odio de los revolucionarios, habiendo sumado una masacre de los monjes cistercienses que la familia abrigaba bajo su dominio, el mártir del cristo, el cual ella pacientemente reunió las piezas el cuerpo fraccionado.

y ahora el gran buen-dios negro corroído por el sol y la lluvia, el escandaloso supliciado, velo aquí, entre esos muros escondidos de los hombres con nosotros y nosotros volvemos a comenzar con el cómo exiliados que se vuelven a hacer un hogar de dos tizones puestos de lado[3]

 

… dice ella, para cerrar la narración, lo que le hace a su primo. Narración por la cual se verifica que en esta interpretación cristiana del axioma de Max – « La tierra hereda del hijo del campesino »-, el dominio como bien se encuentra elevado a la dignidad de lo sagrado, lo que coloca en el buen orden la concepción que uno debe hacerse de la organización del régimen de las relaciones entre el hombre y los bienes : en lo que concierne a este tejido, los bienes son lo primero. De ahí se deduce, que ponerse a su servicio, es de una cierta manera, el orden natural de la alienación del hombre a la cual Lacan busca una salida por la vía del psicoanálisis.

 

« Como la tierra nos da su nombre, yo le doy mi humanidad” (…) es por esto que precede del de, el yo soy el hombre que lleva su  nombre por excelencia »[4], confirma Georges de Coûfontaine, volviendo de la guerra , con su único nombre como tesoro, puesto que sin su esposa quien lo hubiera deshonorado con el delfín y sin sus hijos, mortalmente desaparecidos por una fiebre extraña.

 

De entrada, entonces uno comprende entonces que la aventura guerrera de la destrucción de los bienes (a lo lejos) ha privado al macho de los Coûfontaine de sus haberes (su mujer y sus hijos), incluso que de cerca, la revolución lo privó  de la unidad de su tierra, de la unidad de su cuerpo, de la unidad de su Dios y que el vuelve a la paciente obra de Sygne (la niña) de haber ordenado la figura divina del hombre de bronce a la cual ella se condena para garantizar la estabilidad de espejo dominial l, el cual el nombre tapiza el  régimen simbólico de la nobleza cristiana. Los herederos de esta tierra : tapizaje del cual la virgen Sygne, se hace garantía, así como Antígona lo hizo hace 25 siglos, según Lacan la garantía misma del significante encarnada por la unidad de su hermano.

 

En la desdicha de la destrucción radical de los bienes, en donde se precipitan los machos en el nombre-del- padre vuelve de manera extraña a la heroína trágica de garantizar el régimen simbólico del lenguaje y de los nombres. Lo que nos vuelve a conducir enseguida al orden sagrado del más allá de los bienes en donde el padre, incluso muerto o desmembrado por el hijo, se encuentra en ocasión sostenido por la hija, haciéndose diosa y cariátide del orden simbólico en donde se fomenta el reanudamiento de los intercambios de bienes y de generaciones.

 

Breve, hay más allá de los bienes y un más allá de los bienes de la cite.  He aquí, según yo, lo que se nos impone a pensar tanto en el Sygne como en el Antígona o Medea, reunidos aquí bajo la relación que ellas sostienen y que ellas hacen prevaler bajo el régimen del ser, de lo sagrado y de lo particular contra el régimen de las posesiones de la ciudad y la política de los machos.

 

Ustedes ya comprenden que, en ese sentido, yo intento articular una especie de desarmonía relativa oponiendo el poder de los machos que se enfrentan por los bienes, al poder que yo no retrocederé en designar como espiritual en el compromiso socio político de la verdadera mujer[5] o de las mujeres como mujeres. Aquellos que siguen mi trabajo percibirán aquí una especie de continuación de la oposición que yo promuevo después de mi cuestión de lo  femenino[6] para distinguir en el plano heurístico el estilo de precipitación de los machos que se hace en el nombre de los bienes, mientras que aquel de las mujeres, en tanto que mujeres se hacen  voluntarias en el nombre del ser, y por lo consiguiente en nombre de nada que motive el deseo contra el régimen de las posesiones en donde se impone la satisfacción y por consecuencia el fin del deseo. Sobre este punto volveré.

 

Pues, si yo ya he dicho que esta oposición entre el ser y el tener exige, por parte de los freudianos en particular que completen el trabajo de investigaciones referentes a lo que yo llamaré la socialización diferencial de los sexos. Le agrego que esta socialización no lo es sin la variación socio-histórica. Dicho de otra manera, si yo digo que le falta  al texto de Freud Psicología de las masas[7] su garantía en cuanto a la organización masiva de las mujeres y si yo digo que al menos esa garantía esta al menos esbozada en el bello texto de Freud, El Tabou de la Virginidad[8]. Desde mi punto de vista esto no es aun suficiente. Así, respecto al ser y a las posesiones (en las contribuciones socio políticas), es un hecho que la situación de las mujeres evolucione históricamente, al menos en occidente (y aquella de los hombres también).

 

Pero, volvamos a Sygne ; ahí donde los dejé. Pues como ustedes lo comprendieron y en el fondo de los hallazgos de la unidad sagrada de la tierra, los primos se encuentran saciados por la atracción del dominio englobado, como por la lógica de la alianza a volverse a lanzar. Ellos, se confiesan entonces su amor haciendo promesa de matrimonio.

 

Desde luego, entonces toda irá mucho mejor en el mejor de los mundos trágicos de la nobleza de Francia. Y sino es que el primo, no haya encontrado mejor que llevar en sus maletas al papa, previamente retenido en una ciudadela napoleónica, y que tenga en la cabeza repatriarlo hacia los territorios del rey de Francia, para volver a lanzar el partido de la alianza entre la iglesia y el rey.

 

Patatras, la política donde se extenúa el poder de los machos es por la falta del joven instalado primero como clandestina en el albergue de Sygne y si es necesario para ver ahí claro lo que diferencia el hombre de la mujer. En lo que se refiere al análisis del registro complejo del poder. Ellos son los dos sexos, y bajo este ángulo, y no sin relación puesto que los actos de los unos – aquí la toma de rehenes – tienen una incidencia evidente sobre el destino de los otros. Aquí, el destino de las mujeres, relegada primero al servicio de los bienes, luego elevada en el drama al nivel de la crucifixión y por lo tanto de lo sagrado, como también lo veremos.

 

Bueno, continuo. El papa está en la plaza y he aquí, que el acto 2, la cortina se levanta sobre el barón Turelure, un hombre alto de nariz estrecha y muy brusco, un prefecto de la Republica, el cual la discreta cogería introduce  el escalofrió en el espectador, y más aún cuando se trata del hijo de una cocinera (en el otro tiempo al servicio de Coûfontaine) y de un sobador precipitando el horror de Sygne, cuando confiesa el mismo haber ordenado el crimen de masa de los monjes y de los nobles padres de Sygne. Pero « Lo que es verdad es mucho más. ¡ Yo los hice matar por amor a la patria con el puro entusiasmo de mi corazón ! » exclama él. Como para hacernos verificar una vez más – lo que es mi tesis, desde hace tiempos. Que los crímenes de masas se hacen en nombre del padre (aquí, la patria), crímenes de masas, siempre perpetrados por criminales sin remordimientos, y esta confesión de Turelure en el drama indica igualmente a Sygne que debe de inmediato apreciar correctamente la amplitud de su poder político de destrucción, así como la amplitud de su crueldad prefectoral. Lo que Turelure articula de primero para enseguida indicar que él sabe sobre la presencia del papa en la morada de los Coûfontaine. En consecuencia, el anuncia naturalmente lista la captura del jefe de la iglesia, salvo que la noble Sygne no pretenda esposarlo.

 

« Sygne, salva tu Dios y tu rey »[9] murmura a voz baja el infama Turelure antes de indicar su querer : « yo tomare la tierra, y la mujer, y el nombre »[10]. He aquí, situados los engranajes políticos en cuanto a los bienes, del lado de los machos. Del lado de Sygne, la trampa se cerró sobre ella puesto que ella ahora es empujada a un degradante matrimonio para salvar el papa, la iglesia, Dios, y el rey, es decir para salvar todo lo que ella cree. Pero… diferencia de los sexos obliga a ofrecer su cuerpo al servicio de la política de los bienes, y esto no va con la heroína. « Debo yo salvar el papa con el precio de mi alma »[11] se pregunta la noble señorita que ama a Georges Coûfontaine, tiene a Turelure en honor, etc. Pero… no hagamos durar el suspenso, la virgen consiente, por lo tanto – bajo los asaltos repetidos de su director de consciencia, el cura Badillon – a esposar al hijo de la sirvienta y del brujo – yo cedo[12].

Sygne consiente :

Así, entonces yo, Sygne, condesa de Coûfontaine. Yo esposaré de mi propia voluntad Toussaint Turelure, el hijo de mi sirvienta y del brujo Quiriace. Yo lo esposare en frente de Dios en tres personas, y yo le jurare fidelidad y nos pondremos el anillo en el dedo. El será la carne de mi carne, y el alma de mi alma y sé que Jesucristo está por la iglesia, Tousaint Turelure lo será para mi indisoluble. El, el carnicero de 93 cubierto de sangre de los míos. El me tomará en sus brazos cada día, y no habrá nada de mí que no sea de él. Y de él naceran mis hijos en quien estaremos unidos y fundidos. Todos esos bienes que yo he recoltado no son para mí. Aquellos de mis ancestros, aquel de sus santos monjes. Yo los tendré en dotes y es por él que yo hubiese sufrido y trabajado, la fe que yo he prometido, yo la traicionaré. Mi primo todos traicionó, y no me tiene más que a mí ; ¡ Y yo también, yo le faltaré, la última ![13]

 

¡ Vean la importancia del progreso en la mitología occidental en cuanto a la historia ! A diferencia de la heroína trágica Antígona o de Medea, Sygne traiciona. Ella traiciona todo lo que constituyen sus valores para salvar al papa o, mejor dicho, la alianza política de la iglesia y de la realeza. Sygne es conducida a los extremos de la objeción por y para el poder político de los machos.

 

Desde este punto de vista y para ir rápido, yo resaltaré que Sygne no se exenta de ninguno de los deberes del matrimonio, puesto que habiendo consentido a venir a ocupar este lugar de objeto de intercambio que le han designado los hombres de su propio medio :

  1. Tiene de Turelure un hijo y ella se vuelve madre
  2. Pero hay más, a las reglas del matrimonio, Sygne agrega incluso una flexibilidad al deber del amor puesto que, Georges de Coûfontaine quiere terminar con su detestable marido, Sygne se precipita delante de la bala destinada a Turelure hiriéndola mortalmente.

 

Desde el punto de vista que nos interesa, a saber, el lugar socio-político otorgado a la mujer en la cultura occidental. Significa entonces que hay que leer en la trilogía de los Coûfontaine (que yo no he hecho más que rozar) una especie de desencajamiento histórico de la situación de la heroína trágica que Lacan no hace más que resaltar, poniendo el acento en el hecho que, en ese momento es conducida al rechazo, de llevar en ella la traición de todo lo que elle cree y por el servicio de los bienes que caracteriza el destino de Sygne y por consecuencia, el destino inconsciente del sujeto de la modernidad en lo femenino, él concluye en esta lección que tendremos que meditar sobre una forma moderna de castración que se enuncia así :

¿Se ha sustraído a alguien su deseo y a cambio, es él quien le da a otro- en la ocasión del orden social (…), ustedes han escuchado, yo pienso lo que digo, insiste Lacan, se le retira al sujeto su deseo y a cambio de eso uno lo envía al mercado en donde el pasa en colación general (…), ¿ no es lo mismo lo que sucede en Sygne ?[14]

 

Entonces, si, hay en la partida del destino de Sygne una formidable ilustración. Ilustración en una forma moderna de la castración que propone a la verdadera mujer de trocar su postura sagrada de intratable cariátide del deseo contra una encarnación en donde ella consiente de ser ofrecida como objeto de intercambio y de goce en el campo de lo político oponiendo aquí los hijos de la republica a aquellos del Rey y de la iglesia. Pero también hay en este bello drama de Claudel iluminado por el simple hecho que Sygne ocupa el lugar del único personaje en femenino en esta pieza, un formidable teatro, puesto que, hasta este momento, es en el rechazo de todo lo que le fue lo más querido a Sygne, parece ser literalmente abandonado precipitándose a la muerte. Ella se libera finalmente del lugar de intercambio, al cual ella fue sometida como esposa y como madre en esos tiempos desordenados de la reproducción socio política en donde los hijos heterosexuales los enrutan al servicio de sus bienes. Servicio o registro de los bienes, en donde ella consintió alinearse.

 

Entonces sí, Sygne rechaza. Ella traiciona los más preciosos valores de su ser, para ponerse al servicio de los bienes. Está claro, pero de otro lado – soy yo quien lo recalco – Sygne rechaza su rechazo, y ella abandona la escena por la vía del suicidio, creando el horror entre los hombres, puesto que en su lecho de agonía los machos se presentan en el primer rango, entre ellos el cura Badillon e incluso, según las versiones, hasta el rey de Francia.

 

Los machos le piden a la vez perdón – prueba que ellos no están sin gravedad – y ellos le piden de ver por última vez a su hijo. Pero Sygne se pone inflexible y mujer entre las mujeres, verdadera mujer, ella rechaza de perdonar, así como ella rechaza de ver su hijo o su ser-madre. En esto ella se une a Medea.

 

Luego, en su lecho de muerte,

Ella se levanta de repente y extiende violentamente los dos brazos en cruz, por encima de su cabeza ; luego, volviendo a caer sobre la almohada, ella da el espíritu con un flujo de sangre. Y el señor Badillon le limpia piadosamente la boca y el rostro. Luego, explotando en llanto, el cae en las rodillas, al pie de su cama[15].

 

Estamos ahí, « más allá de todo valor de la fe »[16], concluye Lacan. Y en efecto, Sygne a diferencia de Antígona no sostiene el deseo de los Dioses, lo que hace el poder de la mujer como mujer. Sygne traicionó  por el servicio de los bienes de los hermanos. Ella cedió a Badillon asi como a Turelure, ella sacrificó su ser por los desafíos de los aviones de la alianza, soldando los intereses del papa y aquellos del Rey. Ella se volvió la esposa de la objeción y la madre de un hijo no deseado. Pero ella escapa a ese funesto destino del objeto y de la dominación masculina por esta especie de suicidio conduciendo los machos – pero demasiado tarde para buscar al lado de ella su perdón delante de Dios. Sygne, in fine, escapa entonces de los machos, a la dominación masculina, al precio de su ser y se pone, más allá del servicio de los bienes. Sin que, por consiguiente, cualquiera que sea el orden de la ciudad, mientras que no sea restaurando, ni a su generación, ni a aquella de su hijo (veremos porque). Tanto decir, que ella se suicidó por nada. O, mejor dicho, que ella se suicidó por lo nada que es, repitámoslo, al contrario de los aviones por los cuales los tenientes viriles de la dominación masculina fomentaron su destino. O aun, ella se suicida, por una nada que objeta a la lógica de las posesiones. Gobernando este poder político al cual Sygne, lo ha consentido hasta indicar el impase… en cuanto al deseo. Impase en cuanto al deseo, especialmente bien encarnado por ese hijo no deseado y literalmente forcluido por su Medea de madre.

 

Pues bien. Sygne se suicida por nada y este acto que es logrado por nuestra investigación, en lo que debe hacernos ver, que si lo ordinario de lo femenino se enruta como esposa, madre o cortesana en el régimen político de la reproducción del lazo social. La mujer como mujer, ella objeta al servicio de los bienes en donde la mujer se pierde. Y con ella se pierde el deseo que no se motiva más que por la falta.

 

Y, si uno quiere situar el lugar de la mujer en relación con el orden del poder, no es suficiente de evocar la generalidad de una estereotipia en donde ella pierda toda consistencia para no existir.

 

¿ Quién, entre los más materialistas de entre nosotros, creería pertinente en efecto de deducir de su inexistencia la inconsistencia de Dios ?

 

Para la mujer, es lo mismo. Ella no existe, asegura Lacan. Pero, esto no quiere decir que ella sea sin consistencia. Y lo que nos conduce ahora a reflexionar siguiendo las huellas de Sygne. Lo que en la modernidad toda mujer puede ser, se encuentra más que nunca conducida a tomar posición con respecto a esta forma de castración, proponiéndole de traicionar claramente su deseo o su ser de deseo, o aun de traicionar el deseo, simplemente, a cambio de que ella este encaminada al servicio de las posesiones y de los bienes. Y desde este punto de vista, no es completamente falso decir que la evolución de la historia de las mujeres en occidente parece designar una especie de organización de esta escogencia, incluso una extensión masiva del enrutamiento de las mujeres al servicio de los bienes, Y esto, incluso más allá del orden familiar en donde la dominación masculina ha sabido gozar de esto desde hace mucho tiempo, para obtener de eso los hijos que fueran, y desde entonces las posesiones del hombre, son también los bienes de las esposas.

 

Para decirlo en dos palabras, si Antígona rechaza la solución por el matrimonio y los hijos para garantizar el deseo de los Dioses, el orden del significante y la particularidad de su hermano que es lógicamente irremplazable, la primera versión femenina de Sygne consiente a la degradación del matrimonio completamente determinada por la lógica de los bienes y de los retos políticos.

 

Pero hay más, en nuestra actualidad, puesto que sucede también, incluso más allá, de la lógica del intercambio de las mujeres que en las estructuras complejas de la parentalidad aseguran aun extendidamente la reproducción de las familias. Las mujeres se educan por ejemplo bajo las órdenes de las vastas organizaciones, en donde ellas se hacen, por ejemplo, emprendedoras y por consiguiente mujeres de poder. Mujeres de poder muy modestas, pero al servicio de los bienes. y ustedes ven que el asunto que yo me demoro en exponer por varias razones es aquella de la revisión socio-política hecha a la mujer en la modernidad. Situación que se expresa, se anticipa o incluso de deduce de esta evolución de la mitología occidental por la cual la pluma de Claudel hubiera amortiguado el destino de la mujer a aquel del crucificado. Conduciéndonos de una cierta manera a imaginarnos cada vez menos el final de la mujer como mujer, (mujer que no existe y sin embargo…), que el debilitamiento correlativo de la histérica, militante de nada y cariátide del monumento paterno y que ella ha sabido desde siempre deteriorarlo.

 

Debilitamiento social entonces de la histeria, a cuestionar con su eventual obsesionalizacion correlativa.

 

Pero para quedarnos en esta evidencia mitológica por la cual la pluma de Claudel amortigua un inevitable punto de cruz la imagen de la mujer venida a sobreponerse a aquella del crucificado en la mitología occidental. Yo agrego que, lo que está ahí indicado, según Lacan, no es más que una « figura fascinante de la belleza erigida, tal y como ella se proyecta en el límite para impedirnos de ir más lejos al núcleo de la cosa »[17].

 

La cosa, hay toda clase de cosas.  Esta figura fascinante de la belleza femenina deberá alcanzar en la trilogía de Claudel la tercera generación, para que otra mujer, se vuelva a su vez una figura de mujer divinizada y crucificada (el bello pensamiento), arrancada en esta filiación. El deseo de la maldición o el goce ordinario del padre (Turelure), lo habría puesto en impase, como ya lo he suficientemente indicado.

 

Entonces, les digo esto. Es para hacerles bien percibir de que manera para Lacan, son las mujeres las garantías del deseo. Es su poder, de mujer como mujer. Es un poder que, como él lo precisa, erige la belleza contra el goce de la cosa en el cual uno encuentra en la obra de Claudel una versión paternalista en el goce de Turelure, convertido en la obra de Lacan la figura paradigmática del « padre humillado », y que aparece más bien, desde mi punto de vista, como un padre, que yo diría más bien, humillante.

 

Figura obscena en todo caso del goce ; colocando el deseo en impase. Y agrego, que, si ha sido necesario tres generaciones para que el deseo encuentre su salida en la trilogía de Claudel, es también porque ha sido necesario esperar la tercera generación para que emerja sobre la escena la belleza de una mujer judía y ciega. Comprendiendo que Sygne le deja al mundo un joven no deseado el cual el padre, Turelure codicia a la novia, incluyéndola en su propio goce, por el hecho que ese hijo se encontrara conducido a acoplarse con la amante de ese padre a quien el joven Lacan de 1938 hizo el arquetipo del padre humillado y la causa de la gran neurosis contemporánea que él creía entonces percibir, por lo tanto, el famoso declinar de la imagen paterna del cual el diagnostico, desde mi punto de vista – vean mis últimas obras –[18] es una de las revelaciones más poderosas de lo que yo considero la desviación mayor que arriesga hoy en día de conducir el psicoanálisis hacia una especie de ortopedia del padre o el (el psicoanálisis), se  vería confrontado a  rechazar a su turno sus propios valores o a su ser mismo. Pero en donde también lo político se impone. Él podría concurrir a su cuerpo defensor y de manera, dígamelo, espeluznante ; a esta clase de revolución nacional que hoy amenaza de ser llevada de la mano y que uno ve dibujarse vía la promoción en el plano de las masas un ideal nacionalista pasando por el bien nombrado « desdiabolizacion » del goce de un padre, que en el espacio, vale tanto como encarnación moderna de la cosa humillante y segregadora polarizando nuestro campo político.

 

Turelure, president ! ¿Como puede ser posible?

 

Pues bien. Es un hecho que aquí, la segunda generación de esta familia política, al igual que la tercera que aporta a la segunda, el refuerzo de un catolicismo militante, lo vemos formarse bajo nuestros ojos, en nuestro campo político, una especie de alianza política entre las niñas, propio a esconder de su ser el diabólico goce nacionalista que el padre humillante tiene en el frente.

 

Y, agrego que, si abordo esta cuestión, es porque el compromiso político es mayor, que se trate de una clínica de las masas y que, posiblemente el psicoanálisis pueda ayudar a revelar el mecanismo de la belleza de las niñas en la  política, su ser, su poder pueda aquí, contribuir a polarizar el deseo de los inocentes, que creyendo tener la doncella en los más altos cargos de la Republica, no perciben más o perciben mal la voluntad de goce humillante y segregador que las niñas deben a su núcleo paterno.

 

El futuro me desmentirá, mostrando posiblemente que la mecánica del deseo causado por las niñas habrá superado el goce mórbido del padre o aun – límite de las cariátides – vemos como el asco o el odio inconsciente de la hija por el goce del padre podría venir a superar este goce promoviendo netamente a los más altos cargos del frente, una especie de goce homosexual macho – una especie de lobby gay- en el cual uno espera ver cómo y hasta donde, ella podría contornear (sin desgaste mayor), con esta especie de padre que, a diferencia de Turelure, tendrá en la escena política y por ende público. Dando a luz esta vez a algunas cariátides propias para cubrir su máscara de belleza rubia la voluntad de goce de una organización paterna que, para poder ser diabolizada se autentifica después como simplemente diabólica[19].

 

Turelure, menos avergonzado, habrá traído al mundo un joven el cual el nombre de Louis (Luis), no le fue suficiente para darle es aura de belleza que él le da a las mujeres para encarnar y recubrir una especie de espantoso goce paterno de donde procede su vida. Alguna cosa esta podrida en el campo del Otro (para escribir S(Ⱥ)).

 

Si, vemos seguramente una de las formulas constitutivas de la subjetividad moderna, que se trate de meditar con Lacan, pero yo agrego que para fines del análisis político que el género del sexo engendrado por la cosa paterna no introduce el mismo destino socio político, entonces que se trate de una niña o de un niño o aun, que se trate de Turelure (quien tiene un hijo) o del padre del frente (quien también tiene niñas). Puede ser, y como ya lo he dicho que solo el psicoanálisis podrá ayudar a percibir, como nuestra disciplina aparece ineludible en lo que se refiere al análisis de cuanto emerge en nuestro ojo en el campo político de hoy en día, negando también el hecho que el poder político está perfectamente separado de los complejos familiares y que el poder en este campo, así como en otro, escapan a los efectos de la diferencia sexual.

 

De ahí, la necesidad de hoy en día de emprender una investigación que esboce una especie de retoma dislocada del texto de Freud (de 1925) y que podría titularse « Algunas consecuencias políticas de la diferencia anatómica entre los sexos »[20]

 

Consecuencias políticas y no simplemente psíquicas.

 

De ahí, mi imprudencia de evocar en este día la figura mayor de una mujer de poder en nuestro campo político quien naturalmente aparece en evidencia, primero como una hija.

 

En fin, y puesto que yo dije que evocaría el esquema director de la antropología psicoanalítica que domina nuestros trabajos. En total, yo diría, que lo que se percibe ahora mejor y eso espero ; es que la mujer como mujer, la verdadera mujer en su entereza de mujer está situada del lado del ser y que este tiene importantes incidencias en lo que respecta a su situación frente al poder respecto al campo socio-político de la clínica de caso y aquella de las masas.

 

El poder de los machos se sitúa en cuanto a él, más claramente del lado de los bienes. De donde se deduce una desarmonía entre los dos sexos sin relación sexual seguramente, pero no sin relación. Puesto que hemos visto desde el punto de vista del campo político el ser sublime de Sygne se las deja hacer en todo sentido del término por los machos a los cuales ella se encuentra socialmente relegada.

 

Eso es lo que hace la figura emblemática de la mujer confrontada a esta forma moderna de la castración, por la cual, y lo repito, su deseo es retirado del sujeto que se encuentra dado al orden social.

 

Sygne se vuelve un bien, al servicio de los bienes de la dominación masculina. Pero en mi breve esquema director, yo no sitúo ahí, nada diferente a que la mujer consiente desde siempre ponerse al servicio de los bienes para asegurar al mismo tiempo lo que Levi-strauss llamaría « las estructuras elementales de la parentalidad ».

 

Recordemos entonces que, en ese registro de los bienes, los machos intercambian mujeres como bien entre los bienes. y porque, el poder del intercambio de los bienes, así como el poder político vuelve tradicionalmente a los machos, se preguntará uno ?

 

Yo respondo claramente : pues porque si !

 

Pues bien, no hay otra razón que lo que yo llamaría la razón sexual del poder de los bienes, un poder arbitrario, es decir, fundado sobre lo imaginario del cuerpo viril ; poder que es entonces arbitrario y por lo tanto universal. De ahí, el hecho que, como ya lo indiqué[21]. No hay huellas de lo matriarcal en la historia de las civilizaciones ni idealización de la madre. Es entonces un hecho arbitrario y universal que la idealización en todas las civilizaciones convoque lo masculino y que entonces hay una especie de complacencia somática al principio universal del poder de los bienes de la dominación masculina. Hoy en día, iniciada, por una parte, al menos en occidente.

 

Pero, digamos que, desde el punto de vista del psicoanálisis, aquel que tiene es el padre e incluso el padre muerto y ¿quién o qué? Pues bien, para Freud, es el quien posee las vírgenes.

 

Lo que explica porque en particular del lado de las mujeres, es la virgen quien es idealizada y no la madre. Pero, la virgen esta naturalmente al lado de nada, del lado del ser. Lo que hace que en la pareja ideal es el padre muerto o deteriorado y la hija o la virgen.

 

Entonces, es poco sorprendente, desde el punto de vista freudiano, observar la increíble potencia de polarización en nuestro campo político, esa pareja constituida de una hija, que yo diría, en primera instancia casada con su padre, pero también polarizada por sus amigos homosexuales machos.

 

Pero, tampoco hay nada de incoherente observar en esta lógica que esta hija lleva una política ; no en el registro de los haberes en donde extensamente se sitúa el resto del campo político sino del lado del ser (ser francés), mientras que es el registro económico de los bienes que, de manera dominante moviliza largamente el resto de los partidos de nuestro campo político, haciendo del discurso político lo que es hoy un día, un discurso económico.

 

Entonces, hay un poder político de la hija en el campo político que es el nuestro ; hay un poder del ser recubriendo ese querer de un padre habiendo tenido la genialidad de percibir en el ser de la virgen el aura del ritual propio para recubrir su diabólica voluntad de segregación.

 

Vemos aquí, un rápido rayo de luz analítico sobre la mujer de poder, quizás, la más poderosa de nuestro campo político y que de poder conducir con su ser una revolución nacional – y ya lo he dicho – al alcance de su mano, debe estar, sin espéralo más, atendida por nuestra clínica de masas que querrá por una parte al menos, elucidar la incidencia del poder el femenino en la actualidad del malestar.

 

Sygne, en cuanto a ella, no quería el querer de Turelure.

 

Cierto, pero él era su marido y no su padre.

 

Breve, del lado del ser, del lado de la mujer como mujer, hay usos diferenciales de poder del ser en el cual la incidencia mayor es, repitámosla, de manera general, causar el deseo.

 

Pero, ahí se trata de los usos del poder de la mujer completa. El poder de las mujeres situadas del lado del ser, y naturalmente para nuestro esquema. Queda solo que la mujer incompleta, aquella que se hace madre, esposa o corteja, deja el registro del ser por aquel de los bienes y el servicio de los bienes en donde ella ejerce otras modalidades de poder que vamos igualmente a elucidar.

 

Que uno piense, por ejemplo, en lo que se refiere al poder de la cortesana y su influencia en la corte del Rey de Francia, la bella señora de Montespan, la favorita de Luis XV con quien ella tuvo siete hijos sin jamás acceder al estatuto de esposa, puesto que bien entre los bienes, fue la infante de España quien fue es cogida como esposa del joven Rey por su propia madre y en la valiosa ambición de poner fin a sus 25 años de guerra entre Francia y España.

 

Aquí, se verifica que el régimen de intercambio de los bienes o de las mujeres se hace por el bien de la ciudad y que es necesario por razones de análisis distinguir ser y tener. No es para fines de idealización sino para fines de progreso del análisis clínico por el cual yo indico al fin que, más allá de la verdadera mujer alojada en el registro del ser, esposa o cortesana están para organizarlas en el campo de lo político del lado de los haberes y como bienes.

 

Yo no podría concluir este breve esquema sin evocar la campeona inigualable de las mujeres de poder, a saber, la madre en la cual el poder fetichista es también de situarlo en el registro de los haberes. Poder de la madre en la que uno puede decir que demanda sin cesar a estar reducido, al punto que yo podría decir que hacer moderna la gestación por otro es el proceso mayor que exige la cultura de cada madre.

 

Termino entonces este esquema director en donde uno ve que la mujer colabora como madre, esposa o cortesana al goce macho de los bienes y que hay mas allá del servicio de los bienes donde la mujer como mujer, la verdadera mujer en su entereza de mujer, diría Lacan ; se destaca por ejercer de manera polimorfa un poder del ser, como aquella que se hace soldado de ese padre que la hubiera reconocido como propia al encarnar el ideal nacionalista de una Juana del cual el programa político apunta in fina a reducir tanto la lógica de los intercambios  como a renegar la responsabilidad de los actos del sujeto para retener contra él su responsabilidad de ser: ser judío, musulmán, extranjero, etc. Sygne, ella, rechaza hacerse soldado de Dios e indica, con esto, otra salida[22].

 

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[1]                     J. LACAN, Le séminaire, livre VIII. Le transfert (1960-1961), Paris, Le Seuil, 1991.

[2]                     P. CLAUDEL, L’Otage, Paris, Gallimard, coll. La Pléiade, 1995, p. 219-307.

[3]                     Idem, p. 232.

[4]                     Idem, p. 227-228.

[5]                     En la teoría lacaniana la verdadera mujer y su empleo analítico ver M. ZAFIROPOULOS, La question féminine de Freud a Lacan, Paris, Puf, 2010 básicamente la parte que le consagre a Medea p.169-174.

[6]                     Op.cit.

[7]                     S. FREUD, « Psychologie de masses et analyses du moi », Psychanalyse. Œuvres complètes, vol. XVI, Paris, Puf, 1991.

[8]                     S. Freud « Le tabou de la virginité », Psychanalyse. Œuvres complètes, vol. XV, Paris, Puf, 1996.

[9]                     P. CLAUDEL, L’otage, op, cit., p. 262.

[10]                  Idem, p. 263.

[11]                  Idem, p. 269.

[12]                  Idem, p. 270.

[13]                  Idem, p. 273-274.

[14]                  J. LACAN, Op. cit., p. 380.

[15]                  P. CLAUDEL,  Op. cit., p. 297.

[16]                  J. LACAN, Op. cit., p. 326.

[17]                  Idem, p. 362-363.

[18]                  M. ZAFIROPOULOS, Du mythe du Père mort au mythe du déclin du père de famille… où va la psychanalyse ? Essai d’anthropologie psychanalytique I, Paris, Puf, 2013 ; Le symptôme et l’esprit du temps. Sophie la menteuse, la mélancolie de Pascal, et autres contes freudiens. Essai d’anthropologie psychanalytique II, Paris, Puf, 2015.

[19]                  Ocho meses después de mi intervención la historia se acelere y « la oficina ejecutiva du frente Nacional reunido en formación disciplinaria ha discutido y decidido por una mayoría requerida, la exclusión de M. Jean Marie Le Pen como miembro del frente nacional » anuncia un comunicado difundido el jueves 20 de agosto 2015. No solamente para confirmar lo bien fundada de la hipótesis que yo adelantadaba el 7 enero 2015 ; pero sobre todo para demostrar que el psicoanálisis es una ciencia social (como lo sostenía Levi -Strauss y aquí una ciencia política sin la cual sería bien difícil de ubicarse en lo que yo llamaría la incidencia de los complejos familiares en el centro mismo del campo político). De hecho, los especialistas o más simplemente el lector interesado quizás tendría menos prevención al referirse al uso que yo hago de la experiencia psicoanalítica para dar cuenta de las prácticas políticas e incluso hasta guerras, como ya anteriormente he dado a conocer. Pero en el  apres coup en el primer volumen de mis ensayos sobre antropología psicoanalítica (Du Pere mort au declin du pere de famille… où va la psychanalyse ?), pero podría ser también que mi punto de vista sobre el funesto destino sobre la orientación del psicoanálisis motivado por la idea du Declin du pere no esté tampoco completamente desnudada de interés.

[20]                  El título del texto de Freud de 1925 es « Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexo », in La vie sexuelle, Paris, Puf,1969.

[21]                  Ver M. ZAFIROPOULOS, « Qu’est-ce que le matriarcal ? » Du mythe du père mort au déclin du père de famille…où va la psychanalyse ? op.cit, La Question Féminine, de Freud à Lacan ou la femme contre la mére, op,cit.

[22]                  Traducción : Adriana VARONA.

 


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Por uma genealogia psicanalítica do poder – Gérard POMMIER

DOSSIER

ARTICLES EN LANGUE PORTUGAISE

 

O feminismo prosperou para além do Atlântico nos departamentos de francês das universidades. Ele encontrou seu apogeu na idade de ouro do estruturalismo : Lévi-Strauss, Foucault, Lacan, Derrida, Deleuze, Bourdieu… e muitos outros. Por uma razão obscura, estes french studies têm a reputação de terem utilizado estes autores como bem lhes convêm. Certas apreciações rejeitam antecipadamente as críticas – por exemplo, as que dizem respeito à Lévi-Strauss ou Lacan – que são, portanto, fecundas. Este feminismo de combate começou de uma situação, o de um poder « masculino heterossexual, falocêntrico e patriarcal ». Tal poder é ilustrado pela opressão de um gênero, e foi estudado segundo a metodologia genealógica de Foucault et de Bourdieu : não é a imposição simplista de uma polícia dos sexos, mas o exercício de uma « violência simbólica interiorizada » –  não seria esta uma maneira de dizer que ela é inconsciente ?

 

Se esta opressão simbólica « interiorizada » tornou-se inconsciente, não faltaria então uma definição psicanalítica a ela ? Os processos desta causalidade psíquica merecem ser esclarecidos – e ainda mais porque a sexualidade não é mais um pretexto de opressão, mas um motor de liberdade. Seria suficiente dizer que o gênero é determinado pela cultura ? Não, porque a cultura não existiu desde sempre e seria melhor esclarecer sua genealogia sob a luz da causalidade psíquica, servindo-se do método de Freud para isso – ou se for necessário um método melhor, isento das escórias de sua época.

 

O poder masculino não é um fato bruto « natural » através do qual as consequências psíquicas seriam em seguida auto-reconduzidas via Cultura. Uma única curta frase o revela : apenas a causalidade psíquica é « contra determinada ». A causalidade das determinações culturais nunca muda sozinha. O peso das determinações familiares evoluiu pouco durante os anos em que elas influenciam uma criança. Apenas a subjetividade contra-determina estas camadas profundas. Um sujeito se afirma sempre negativamente em relação à sua família e à sua Cultura, ou mesmo em relação à sua anatomia. A menos que ele defenda uma inocência aliviadora, a história progrediu e vai progredir ainda graças à esta capacidade de revolta subjetiva.

 

Uma clarificação em diagonal oferece uma visão simplificada da questão : estabelecer uma genealogia do poder retorna a examinar o que leva os homens à obtê-lo. Significa imediatamente que eles brigam por um poder que justamente eles não têm. Eles são privados deste e enquanto lutarem pela sua conquista, se colocam eles mesmos do lado feminino. Esta diagonal inicial confere o motivo de uma genealogia, ou ainda de um motor constante e atual de uma « protestação viril » de cada instante. O « poder » não é um estado : ele resulta de uma luta para obtê-lo. Nenhum homem nasce com ele, e mesmo um Rei é tributário da sorte. Querer « obter o poder » é fugir de uma feminização ameaçadora e faz parte de um plano de identificação do qual o pai é o agente. Estas poucas linhas de introdução colocam em evidência duas palavras : a do « pai » e a do « homem ».

 

Este poder cobiçado é então « patriarcal e masculino ». Seu programa será a dominação de um feminino entre o qual estarão inclusos os homens que não têm ou não possuem mais o poder. Quanto ao qualificativo de « falocêntrico », não seria ele substituto ? Pois não existe nada mais de essência « do homem » que teria o falo, que da « mulher » que seria privada dele. Se o falo é o pênis em ereção, um homem o tem apenas se ele deseja uma mulher, que é então ela também proprietária deste. Apenas apresentado sem ereção, o pênis em repouso não saberia ser pretendente ao título fálico.

 

Como este poder heterossexual patriarcal se instalou e ainda foi estabelecido na inconsciência ? Entre as inúmeras pistas às quais ela nos abre, Judith Butler[1] supõe que uma vez que a camada profunda de um tal poder seja instalada, a escolha do gênero é imposta como um processo « imitativo ». Uma pressão simbólica – cujo motor é deixado de lado – obrigaria à imitação de um gênero. Como ela o escreve, não faríamos outra coisa além de « nos travestir »… e seríamos todos pegos numa mascarada « masculina » assim que « feminina », e isto com tanta facilidade que não existiria nem sequer um original em um mundo de cópias. A subordinação de um gênero à outro seria então fundada em uma imitação, acompanhada e reforçada por um gozo desta obediência, ou para dizer nos termos de Judith Butler, impondo a cada sujeito uma « performance » que não se « naturalizaria » antes de ser efetuada. Um sujeito efetuaria uma performance como homem ou como mulher, e se imaginaria em seguida que ele o é « naturalmente », sabendo-se que se trata de uma imitação.

 

O argumento maior desta demonstração não se dispõe à discussão : ele leva em consideração uma realidade social massiva : a « escolha » do gênero não depende da anatomia. A noção de « performance » supõe na verdade uma tal escolha… mas ainda é preciso esclarecer o que ela determina ! Pois, se há escolha, ela depende de uma eleição subjetiva ! Seu gesto transcende então o cultural. Uma « performance » supõe um livre arbítrio que procede outras determinações ou contra determinações além de uma simples imitação. Ao olhar para os resultados do processo de sexualização, o « semblante » ou a mascarada dos gêneros tem, na verdade, uma forte realidade cultural. Mas sua escolha permanece incompreensível sem uma subjetividade prévia, contra-determinada por uma potência psíquica inicial. Da mesma forma que a genealogia deste poder « masculino » que foi imposta « inconscientemente ».

 

Se existe uma performance evidente, é esta dos homens, de sua corrida ofegante, sem trégua nem descanso pelo poder – e isto em uma luta acirrada entre eles. Mas sobretudo em uma luta contra a cultura que os precede ! Longe de determiná-los como marionetes, ela é o alvo excitante de suas performances. É uma luta engalfinhada, da matilha. Os cachorros que correm mordendo de um lado para o outro. Os atletas, os estrategistas, os rebeldes batem em tudo o que se movimenta com alegria. Isto destrói, desconstrói, em melhor, em pior, mas em todo caso sempre mais longe. A « cultura » não é um edifício majestoso de pensamentos e de costumes, mas muito mais este movimento, esta espécie de respiração ofegante, de guerra alegre, de derrubar as razões e as crenças, de construção de andaimes razoáveis ou insensatos, de prorrogações de um conflito perpétuo no qual as músicas, a literatura e as artes seguem o tempo[2].

 

A orquestra fica para trás. As atividades que se passam por « culturais » não são nada além do que suas consequências reflexivas, artísticas, ociosas, destinadas às distrações do final de semana, laicas ou religiosas. Ninguém nega a potência deste edifício cultural, nem o fato de que ele molda os que o fazem crescer e que se alimentam dele. Mas é apenas um fundo passivo, que os sonhos de cada criança ultrapassam desde que ele realize a menor performance.

 

Apesar da sua prodigalidade e da sua opressão tão visível, esta cultura continua  em segundo plano, matéria primeira de determinações familiares e psíquicas. Nas culturas mais brutais, como naquelas em que prevalecem ainda nas tribos do deserto australiano, ou num pequeno vilarejo no fundo da Prússia luterana, um homem ainda pode arriscar sua vida se ele ama uma mulher censurada pelo seu Totem ou pelo seu Pastor. O espaço cultural não é nada além de um imenso amplificador e também uma base de repetição contra a qual as performances jogam.

 

Em apenas uma navegação, Cristóvão Colombo mudou as crenças de seu tempo. Graças à sua luneta astronômica, o fervente Galileu confirmou os tímidos cálculos de Copérnico, fazendo em algumas temporadas tábula rasa do universo venerável de Ptolomeu [2].

 

Eu vou lembrar em algumas palavras o que está por trás do mundo psíquico que propulsa a corrida ao poder. Todo sujeito – menino ou menina – nasce a princípio transgênero, e não possui o falo, a não ser quando ele se masturba, transformando seu desejo em fantasma. Este onanismo é culpado pois ele procura fugir da dominação materna. É uma forma de se separar de sua mãe, preferindo gozar sozinho do que ser gozado por ela. Este prazer é marcado pela culpa em abandoná-la. À sombra desta culpa nasce um forte desejo de punição, destinado a guardar seu amor. A criança inventa então uma terceira pessoa, um lobo, um ogro… um pai que pune, cujas pancadas o afundam em um masoquismo do qual a sexualidade humana possui a marca.

 

É um masoquismo que goza pois os golpes acompanham a masturbação[3]. A escolha do gênero psíquico (independentemente da anatomia) se decide em função da posição rebelde ou consensual que cada sujeito possui em relação a este pai. Os que aceitam até certo ponto esta violenta sedução paterna escolhem o gênero « feminino ». Os que recusam esta sedução e entram em guerra optam pelo gênero « masculino ». Mas então esta recusa dos meninos os priva ao mesmo tempo do falo, e eles entram em guerra para obtê-lo. Esta é a genealogia da luta pelo poder, de fato, masculina ao extremo.

 

O erotismo da guerra pelo falo começa no mundo anterior ao da invenção de um pai primitivo, braço armado do fantasma de ser punido, na hora culpada da masturbação. A bissexualidade psíquica se reparte em seguida no espaço Ser do Falo que não pertence a mais ninguém, a não ser àquele que luta para obtê-lo. É uma luta « política » estranha, pois o falo não aparece (sob a forma erétil) a não ser durante a luta. Ele aparece quando existe uma tensão entre dois polos : ou querer fornecê-lo – do lado masculino. Ou querer obtê-lo – do lado feminino. É, por exemplo, frequente que quando dois amantes brigam, que a excitação apareça. Seus gêneros psíquicos variam em função de seu masoquismo, de sua culpa e de suas acusações respectivas, ou seja, de suas relações com o mesmo pai mítico, que continua decidindo seu gênero. Um homem não é sempre um homem, nem uma mulher é sempre uma mulher ! Nestas circunstâncias tensas, qual é a bóia salva vidas mais prática para um homem do que se identificar ao pai? Um papel paterno quase sempre o alivia. Ele vence assim sua angústia diante da feminilidade, e se libera de sua opressão de filho[4].

 

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[1]                     J. BUTLER, Trouble dans le genre, Paris, La Découverte, 2006.

[2]                      Se a cultura determinasse a subjetividade, suas performances poderiam contentar-se de corrigir a linguagem, como se ela fosse a origem da opressão, ou de esperar que os happenings das Drag Queen irão subverter as relações de gênero da sociedade.

[3]                     Inúmeros adultos só se excitam se forem moralmente batidos, ou injuriados, ou  simplesmente maltratados (então isto quer dizer muita gente).

[4]                      Traduction : Mariana Orlandi

 


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As lições de Sygne de Coûfontaine. O poder das mulheres e as mulheres de poder – Markos ZAFIROPOULOS

DOSSIER

ARTICLES EN LANGUE PORTUGAISE

 

Antes de propor um tipo de esquema diretor apropriado para ordenar nosso ponto de vista sobre as relações complexas dividindo no campo sociopolítico o destino da mulher, eu gostaria de primeiramente nos conduzir ao centro do exemplo clínico. Este nos colocará novamente, com Lacan, na pista dos traços, talvez os mais distintos, do que eu chamarei a situação da mulher em relação ao poder político e social da modernidade. Situação que foi encarnada de maneira paradigmática pelo que Lacan teria escolhido, no livro 8 do seminário intitulado Seminário, livro 8 : a transferência[1], como analisador da atualidade do mito de Édipo polarizando o inconsciente do sujeito da modernidade ; sujeito aqui no feminino, a saber, a sublime Sygne de Coûfontaine da qual Claudel situa o destino trágico no ambiente do drama pós-revolucionário, período durante o qual a França muda de Nome-do-Pai (sobre o conteúdo) e onde o poder napoleônico se instala, mesmo que já perturbado pela Restauração onde viu-se Luís XVIII transitoriamente recuperar o trono da França.

 

Em suma, sob a pluma do poeta redigindo uma trilogia – que por sinal desmente a ideia da ausência da tragédia na modernidade – os machos da França se estripam à serviço dos bens e a primeira cena da obra « L’otage »[2] se abre sobre o reencontro dos Coûfontaine. Nessa primeira cena, Sygne conta ao primo que acaba de retornar da guerra, como, depois do assassinato de seus pais e do desmembramento do domínio familiar, ela se obstinou a recuperar sua unidade eu-ideal típica ao domínio, da mesma maneira em que ela se obstinou a recompor o crucifixo, o homem de bronze, novamente supliciado pelo ódio dos revolucionários, tendo acrescentado ao massacre dos monges cisterianos que a família abrigava em sua propriedade, o martírio do Cristo, que ela pacientemente reuniu o corpo fragmentado.

 

E agora o grande bom-deus negro danificado pelo sol e a chuva, o escandaloso supliciado, eis-Lhe aqui entre essas paredes escondido dos homens conosco e nós recomeçamos com ele como exilados/ Que se fazem um lar de dois tições colocados atravessados[3]

 

…diz ela, para concluir o relato feito ao primo. Relato pelo qual verificamos que nessa interpretação cristã do axioma de Marx  « a terra herda do filho do camponês » – a propriedade como bem se encontra elevada à dignidade do sagrado, o que coloca na boa ordem a concepção que devemos fazer da organização do regime das relações entre o homem e os bens : nesse imbróglio, os bens são primordiais. De onde se deduz, que se dispor à seu serviço é, de uma certa maneira, a ordem natural da alienação do homem cuja saída pela psicanálise Lacan busca. « Como a terra nos dá seu nome, eu lhe dou minha humanidade […] É porquê precedido do de, eu sou o homem que leva seu nome por excelência »[4], confirma George de Coûfontaine, regressado da guerra com apenas o nome como tesouro, porque sem sua esposa que o teria desonrado com o Dauphin e sem seus filhos, mortalmente levados por uma febre estrangeira.

 

Desde o início, compreendemos que a aventura guerreira da destruição dos bens (de longe) privou o macho dos Coûfontaine das suas posses (sua mulher e seus filhos), da mesma forma que de perto, a Revolução o privou da unidade da sua terra, da unidade de seu corpo, da unidade de seu Deus e que ele voltou à paciente obra erigida por Sygne (a filha) ao remontar a figura divina do homem de bronze à qual ela se consagra para garantir a estabilidade do espelho dominial, no qual o nome capitonne como substrato ao regime simbólico da nobreza cristã, os herdeiros dessa terra. É a este capitonnage que a virgem Sygne se fez de fiadora, como Antígona se fez há vinte e cinco séculos, segundo Lacan, a fiadora do significante mesmo encarnado pela singularidade de seu irmão.

 

Na desgraça da destruição radical dos bens, para onde se precipitam de bom grado os machos em Nome do Pai, retorna, de maneira inquietante, à heroína trágica a função de garantir o regime simbólico da linguagem e dos Nomes. O que nos leva, ao mesmo tempo, ao regime da ordem do sagrado do mais além dos bens que o pai, mesmo que morto e desmembrado pelos filhos, se encontra apoiado pela filha. Esta se dispõe como vestal, ou mesmo cariátide da ordem simbólica onde acontece o renovamento das trocas dos bens e das gerações.

 

Em resumo, existe um mais além dos bens e um mais além dos bens da Polis. Eis-que, em minha opinião, o que nos leva à pensar Sygne assim que Antígona ou Medéia, reunidas aqui sob as relações que elas mantém com a escolha a qual elas fazem prevalecer pelo regime do ser, do sagrado e do particular contra o regime das posses, da Polis e da política do machos.

 

E vocês compreendem que nesse sentido venho tentando articular um tipo de desarmonia relativa opondo o poder dos machos que se afrontam pelos bens, ao poder que eu não recuarei em designar como espiritual do engajamento sociopolítico da verdadeira mulher ou das mulheres como mulheres. Aqueles que seguem meus trabalhos perceberão aqui um tipo de relance da oposição que promovo, desde minha Questão feminina[5], para distinguir no plano heurístico o estilo de massificação dos machos que se faz em Nome dos bens, daquele das mulheres como mulheres a qual se faz em Nome do ser, e então em Nome do nada que motiva o desejo contra o regime dos bens. Regime este onde se impõe a satisfação e, consequentemente, o fim do desejo.

 

Eu voltarei ao tema do desejo. Pois, se eu já disse que esta oposição entre ser e ter exige, dos freudianos em particular, que eles completem o campo de pesquisas relacionado ao que eu chamarei de socialização diferencial dos sexos. Acrescento que esta socialização não é sem variação sócio-histórica. Quer dizer, se eu digo que falta no texto de Freud Psicologia de Massas[6] um equivalente à formação de massa das mulheres e, se digo que esse equivalente é pelo menos esboçado no belo texto de Freud, O Tabu da Virgindade[7], não é, do meu ponto de vista, ainda suficiente, pois tanto com relação ao ser quanto ao ter (nas questões sociopolíticas), é um fato que a situação das mulheres evolui historicamente, pelo menos no Ocidente (e concomitantemente, também a dos homens).

 

Mas, voltemos à Sygne, aonde a deixei. Pois, como vocês compreenderam e ao fundo dos reencontros da unidade sagrada da Terra, os primos se encontraram recompostos pela atração do domínio reagrupado, como pela lógica da aliança a ser relançada. Logo, eles declaram seu amor fazendo promessa de casamento.

 

Tudo iria bem então, no melhor dos mundos trágicos da nobreza da França, não fosse pelo primo que não encontrou nada melhor do que trazer em sua bagagem o Papa, previamente retido em uma cidadela napoleônica, e que pôs na cabeça de se infiltrar em torno dos territórios do Rei da França para relançar o partido da aliança entre a Igreja e o Rei.

 

Cabum ! A política onde se extenua o poder dos machos é, pela culpa do menino, instalada primeiro clandestinamente na casa de Sygne e, se for preciso para ver claramente diferenciar o homem da mulher no que diz respeito à análise do registro complexo do poder, eles são, os dois sexos, e desse ponto de vista, não sem relação porque os atos de um – aqui os homens feitos reféns – tem uma incidência evidente sobre o destino dos outros – aqui o destino da mulher, relegada primeiro a serviço dos bens, depois elevada nesse drama ao nível da crucificação e assim do sagrado, como também veremos.

 

Bom, avanço : o Papa esta a postos e eis que, no ato II, a cortina se eleva sobre o barão Turelure, um homem grande com nariz estreito e bastante torto, um oficial da República cujo leve mancar introduz um frisson no espectador, ainda mais se tratando do bastardo de uma cozinheira (antigamente ao serviço dos Coûfontaine) e de um curandeiro. E causa horror em Sygne quando confessa ter ele próprio, ordenado o assassinato em massa dos monges e também dos nobres pais de Sygne. « O que é verdade é bem verdade. Eu os mandei matar por amor à pátria no puro entusiasmo de meu coração », se exclama ele, nos fazendo verificar mais uma vez – o que é minha tese de longa data – que os crimes de massa são cometidos em Nome do pai (no caso, a pátria). Crimes estes sempre perpetuados por criminosos sem remorso. A confissão de Turelure no drama indica igualmente à Sygne que ela deve desde já ter em conta a correta amplidão de seu poder político de destruição, tanto como a amplidão de sua crueldade atrelada ao cargo. Isto é o que Turelure articula logo de início, para apontar, em seguida, que sabe da presença do Papa na propriedade dos Coûfontaine. Como resultado, se mostra naturalmente pronto para a captura do chefe da Igreja, à menos que a nobre Sygne consinta casar com ele.

 

« Sygne, salve teu Deus e teu Rei »[8], murmura em voz baixa o infame Turelure, antes de indicar sua vontade : « Eu tomarei a terra, e a mulher, e o nome »[9].

 

Eis que estão situadas as questões políticas quanto as posses do lado dos machos. Já do lado de Sygne, a armadilha se fechou sobre ela, pois ela está agora encurralada num degradante casamento para salvar o Papa, a Igreja, Deus e o Rei, quer dizer, para salvar tudo em que ela acredita. Mas… a diferença entre os sexos obriga, oferecer seu corpo à serviço da política dos bens não é evidente para a heroína. « Devo eu salvar o Papa ao preço de minha alma »[10] se pergunta a nobre virgem que ama Georges de Coûfontaine, tem horror de Turelure, etc. Mas… não façamos durar o suspense, a virgem consente no entanto – sob os ataques repetitivos de seu diretor de consciência, o cura Badillon – a casar com o filho da serva e do feiticeiro – Eu cedo. E dessa maneira Sygne consente :

 

Assim então eu, Sygne, condessa de Coûfontaine,/ Esposarei de minha vontade própria Toussaint Turelure, o filho de minha serva e do feiticeiro Quiriace./ Eu o esposarei  face à Deus em três pessoas, e lhe jurarei fidelidade e nós colocaremos a aliança no dedo./ Ele será a carne da minha carne, e a alma da minha alma, e o que Jesus Cristo é para a Igreja, Toussaint Turelure será para mim indissolúvel./ Ele, o açougueiro de 93, todo coberto do sangue dos meus,/ Ele me pegará em seus braços todos os dias e não haverá nada meu que não seja dele,/ E dele nascerão os filhos nos quais seremos unidos e fundidos. Todos esses bens que coletei não para mim, / O dos meus ancestrais, o dos santos monges, / Eu lhe darei em dote, e será por ele que terei sofrido e trabalhado./ A fé que prometi, eu a trairei,/ Meu primo traído por todos e que não tem que a mim somente, / E eu também, eu serei a última que ele sentirá falta ![11]

 

Vejam a importância do progresso na mitologia ocidental quanto à história! Diferente da heroína trágica Antígona ou de Medéia, Sygne trai. Ela trai tudo que constitui seus valores para salvar o Papa, ou melhor, a aliança política da Igreja e da realeza. Sygne é levada aos extremos da abjecção para e pelo poder político dos machos. Deste ponto de vista e para avançar eu diria que Sygne não se isenta de nenhum dos deveres do casamento, haja vista que consentiu em vir a ocupar este lugar de objeto de troca que lhe designaram os homens do seu próprio meio :

 

  1. vem a ela um filho de Turelure e ela se torna assim mãe,
  2. mas tem mais, pois às regras do casamento, Sygne acrescenta de fato complacência aos deveres do amor pois, quando George de Coûfontaine quer acabar com seu marido ignóbil, Sygne se precipita mortalmente em frente à bala destinada à Turelure.

 

Do ponto de vista do que nos interessa, a saber, o lugar sociopolítico feito à mulher na cultura ocidental, lê-se então na trilogia dos Coûfontaine (que eu não faço aqui que apenas introduzir), um tipo de desarticulação histórica da situação da heroína trágica. Lacan não deixa de identificar esta articulação, colocando o acento no fato de ser levada à recusa, ser levada à traição de tudo em que ela crê, e pelo serviço dos bens que caracteriza o destino de Sygne e então por uma parte, ao menos, o destino inconsciente do sujeito da modernidade no feminino.

 

E ele tira esta lição que teremos à meditar, segundo a qual emerge uma forma moderna de castração que se anuncia da seguinte maneira :

 

Retira-se a alguém seu desejo e, em troca, é ele que se dá a algum outro – ocasionalmente, à ordem social. (…) Vocês entenderam bem, penso, o que eu disse – retira-se ao sujeito seu desejo e, em troca enviam-no ao mercado, onde ele entra no leilão geral. Quero dizer – não é isso o que acontece no nível de Sygne?[12]

 

Então, sim, existe de fato no início do destino de Sygne uma formidável ilustração dessa forma moderna da castração que propõe à verdadeira mulher a troca de sua postura sagrada de intransigente cariátide do desejo contra uma encarnação na qual ela consente em ser oferecida como objeto de troca e de gozo no campo do político opondo aqui o filho da República ao Rei e a Igreja. Mas existe também nesse lindo drama de Claudel, iluminado pelo simples fato de que Sygne ocupa o lugar de única personagem no feminino desta peça, uma formidável reviravolta, porque mesmo que até aqui foi bem à recusa de tudo o que lhe foi mais querido que Sygne parecia ter se abandonado literalmente ao se precipitar à morte, ela se desprende finalmente do lugar de objeto de troca ao qual ela foi obrigada como esposa e como mãe nesses tempos turbulentos da reprodução sociopolítica onde os filhos heterossexuais lhe colocaram à serviço de seus bens. Mercado ou registro de bens no qual ela consentiu, de antemão, em vir a se instalar. Então sim, Sygne recusa. Ela trai os valores mais preciosos de seu ser, para se colocar à serviço dos bens, isso está entendido, mas, de outro lado – eu sublinho – Sygne se recusa de sua recusa e ela sai de cena pelo suicídio, criando o temor entre os homens, pois perto de sua cama de agonia os machos agora se aglomeram, na primeira fila o cura Badillon e até mesmo, segundo as versões, o Rei da França.

 

Os machos lhe pedem ao mesmo tempo perdão – prova que eles não são sem compaixão – e eles lhe pedem para ver por uma última vez seu filho. Mas Sygne se mantém inflexível e mulher entre as mulheres, verdadeira mulher, ela se recusa a perdoar, como ela recusa de ver seu filho ou seu ser-mãe. Nisto, ela vai de encontro a Medéia. Após, em seu leito de morte, ela

 

Se ajeita subitamente e estende violentamente os dois braços em cruz acima da cabeça; após, recaindo sobre o travesseiro ela entrega o espirito com um fluxo de sangue. E senhor Badillon seca-lhe piedosamente a boca e a face. Em seguida caindo em prantos, ele cai de joelhos ao pé da cama.[13]

 

Nós somos aqui, levados « para além de todo valor da fé »[14], conclui Lacan. E, de fato, Sygne diferentemente de Antígona, não apoia o desejo dos Deuses, o que faz o poder da mulher como mulher, Sygne traiu à serviço dos bens dos irmãos, ela cedeu tanto à Badillon quanto à Turelure, ela sacrificou seu ser pelas questões das posses da aliança soldando os interesses do Papa aos do Rei. Ela se tornou a esposa da abjecção e a mãe de uma criança não desejada. Mas ela escapa deste funesto destino de ser o objeto da dominação masculina por esse tipo de suicídio que conduz os machos – embora tarde demais – a buscar nela o perdão perante Deus. Sygne – in fine – escapa então aos machos, à dominação masculina, ao preço de seu ser e se reencontra além do serviço dos bens, sem no entanto que aquilo que fosse da ordem da Polis não seja restaurado, nem à sua geração, nem à do seu filho (veremos porquê). Podemos dizer que ela se suicida por nada. Ou melhor dizer, que ela se suicida pelo nada que é, repetimos isto, o inverso das posses pelas quais os detentores viris da dominação masculina suscitaram seu destino. Ou ainda, ela se suicida por um nada que objeta contra a lógica das posses, que governa esse poder político ao qual Sygne entretanto à princípio consentiu, até indicar o impasse… quanto ao desejo. Impasse quanto ao desejo, especialmente bem encarnado por esse filho não desejado e literalmente forcluído por sua Medéia de mãe.

 

Bom, Sygne se suicida por nada e este ato é bem-sucedido para nossa pesquisa no que ele deve nos fazer perceber que se o habitual do feminino se arrola enquanto papel de esposa, mãe ou cortesã, no regime político da reprodução do laço social, a mulher como mulher, se objeta ao serviço dos bens ou a mulher se perde. E se perde com ela o desejo que se motiva tão somente da falta.

 

E se queremos situar o lugar da mulher em relação à ordem do poder, não é suficiente evocar a generalidade de uma heterotopia onde ela perderia toda consistência de não existir.

 

Quem, entre os mais materialistas de nós, acreditaria na verdade pertinente de deduzir de sua inexistência a inconsistência de Deus ?

 

Para a mulher é igual : ela não existe, assegura Lacan, mais isto não quer dizer que ela seja sem consistência. E o que nos conduz agora à pensar seguindo os traços de Sygne  é que, na modernidade, toda mulher talvez se encontre mais do que nunca conduzida a se posicionar com relação a esta forma de castração cuja proposta, na modernidade, é de claramente trair seu desejo ou seu ser de desejo, ou ainda, de trair o desejo em si, em troca do que ela é arrolada à serviço das posses ou dos bens. E deste ponto de vista, não é completamente falso dizer que a evolução da história das mulheres no Ocidente parece bem designar um tipo de reorganização desta escolha, ou até um alargamento massivo do inscrição das mulheres à serviço dos bens. E isto além mesmo da ordem familial onde a dominação masculina soube gozar desde longa data para obter os filhos que foram, desde sempre, as posses do homem, bem como por suas esposas que nunca foram menos que isto.

 

Para ser breve, se Antígona adia a solução pelo casamento e filhos para garantir o desejo dos Deuses, a ordem do significante e a particularidade de seu irmão obviamente insubstituível, a primeira versão feminina de Sygne consente à degradação do casamento completamente determinado pela lógica dos bens e das questões políticas.

 

Mas tem mais, em nossa atualidade, pois acontece que além da troca de mulheres que nas estruturas complexas do parentesco assumem ainda largamente a reprodução das famílias, as mulheres se elevam, por exemplo, ao comando de vastas organizações onde elas se fazem empreendedoras, e dessa maneira, mulheres de poder. Mulheres de poder bastante modernas, mas a serviço dos bens. E vejam que a questão que me demoro a fazer por todo tipo de razões é sobre o remanejamento da situação sociopolítica feita à mulher na modernidade. Situação que exprime, mesmo antecipa ou mesmo se deduz dessa evolução da mitologia ocidental pela qual a pluma de Claudel teria enxertado o destino da mulher ao do crucificado, nos conduzindo de uma certa maneira à menos imaginar o fim da mulher como mulher, (mulher que não existe mesmo assim…), que o enfraquecimento correlativo da histérica, militante do nada e cariátide do monumento paternal degradado desde sempre, como ela já sabe.

 

Enfraquecimento social então da histérica, a ser questionado com sua eventual obsessionalização correlativa.

 

Mas, para continuar neste evento mitológico pelo qual a pluma de Claudel terá capitonné um inevitável ponto de cruz com a imagem da mulher vindo se sobrepor à do crucifixo na mitologia ocidental, eu acrescento que, o que é indicado, segundo Lacan, não é nada mais que uma « figura fascinante, da beleza erigida, tal como se projeta no limite para nos impedir de ir mais longe no coração da Coisa. »[15]

 

A Coisa, existem todos tipos de coisas. E essa figura fascinante da beleza feminina deverá esperar, na trilogia de Claudel, pela terceira geração para que uma outra mulher, a qual por sua vez tornou-se uma figura divinizada e crucificada (a bela Pensée), arranque, nessa filiação, o desejo da maldição onde o gozo ordinário do pai (Turelure) havia colocado um impasse, como já indiquei suficientemente.

 

Então, se vos digo isto, é para nos fazer bem perceber, o quanto, para Lacan, são as mulheres as fiadoras do desejo – é o seu poder de mulher como mulher – e é um poder que, como ele assevera, erige a beleza contra o gozo da Coisa onde encontramos em Claudel uma versão paternal no gozo de Turelure, tornado em Lacan a figura paradigmática do “pai humilhado” a qual aparece bastante, de meu ponto de vista, como um pai que eu diria sobretudo humilhante.

 

Figura obscena, em todo caso, do gozo colocando o desejo em impasse. E eu acrescento que se foi preciso três gerações para que o desejo encontre seu desembaraço na trilogia de Claudel, é também porque foi preciso esperar a terceira geração para emergir em cena a beleza de uma mulher judia e cega. Tendo entendido que Sygne deixa no mundo um menino não desejado de quem o pai, Turelure, cobiça a noiva, ao mesmo tempo em que o inclui no seu próprio gozo pois este filho se conduzirá a copular com a amante (de Turelure) com o qual o jovem Lacan, de 1938, fez o arquétipo do pai humilhado, e a causa da grande neurose contemporânea que ele acreditava então perceber. Assim também Lacan acreditava perceber então o famoso declínio do imago paternal, cujo diagnóstico, do meu ponto de vista – vejam minhas últimas obras[16] – é um dos recursos mais potentes do que eu considero como o maior desvio que arrisca hoje levar a psicanálise a um tipo de ortopedia do pai onde ela (a psicanálise) se recusaria por sua vez aos seus próprios valores ou ao seu ser mesmo; mas onde também, política indispensável, ela poderia concorrer, mesmo com seu corpo que se defende, e de maneira, digamos, assustadora, a esse tipo de revolução nacional que ameaça estar hoje engatilhada e que vemos desenhar-se via a promoção no plano das massas de um ideal nacionalista passando pela bem nomeada « desdiabolização » do gozo de um pai que, neste caso, vale tão bem como encarnação moderna da coisa humilhante e segregativa polarizando nosso campo político.

 

Turelure, Presidente ! Como seria possível ?

 

Bem, é um fato que aqui, na segunda geração dessa família política, ao mesmo tempo que a terceira que dá à segunda o reforço de um catolicismo militante, vemos se formar sob nossos olhos, em nosso campo político, um tipo de aliança das filhas que é própria para mascarar de seus seres o diabólico gozo nacionalista que o pai humilhante coloca à Frente. E acrescento que, se abordo aqui esta questão, o que está em jogo é muito importante, no que se refere à clínica das massas e que somente, talvez, a psicanálise possa ajudar a evidenciar o mecanismo pelo qual a beleza das filhas em política, seus seres, seus poderes, possa aqui contribuir para polarizar o desejo dos inocentes que, acreditando levar a donzela aos mais altos cargos da República, não percebem mais, ou mal, a vontade de gozo humilhante e segregativo que as filhas devem ao engendramento paternal.

 

O futuro talvez me desmentirá ao mostrar que a mecânica do desejo causado pelas filhas terá, neste caso, elevado o gozo mórbido do pai ou ainda – como limite das cariátides – nós veremos que o nojo ou o ódio inconsciente da filha pelo gozo do pai poderia dar cabo desse gozo promovendo notadamente aos mais altos cargos dessa Frente que se tornou muito estranha, um tipo de gozo homossexual macho – um tipo de lobby gay – o qual esperamos para ver como e até onde ela poderia aproximar – se (sem destruições maiores) com esse tipo de pai que, diferente de Turelure, terá sobre a cena política e então pública,  parido desta vez de algumas cariátides ocupadas em disfarçar com sua máscara de beleza loira, a vontade de gozo de uma organização paternal que por precisar ser « desdiabolizada », se autentifica então, em après-coup, como simplesmente diabólica[17].

 

Turelure, menos feliz, teria apenas dado à luz a um menino o qual o nome de Luís não foi suficiente para recobri-lo deste manto de beleza que recai sobre as mulheres de encarnar oportunamente para recobrir um tipo horrendo de gozo paternal desde onde procedem suas vidas.

 

Alguma coisa está podre no campo do Outro (a escrever S (Ⱥ)).

 

Sim, eis certamente uma das formulas constitutivas da subjetividade moderna, que seja para pensar com Lacan. Mas acrescento, para fins de análise política, quer o gênero do sexo engendrado pela coisa paternal não introduz ao mesmo destino sociopolítico, quer se trate de uma filha ou de um filho, de Turelure ou do pai da Frente. Porventura, somente talvez, a psicanálise poderia ajudar a perceber, como nossa disciplina aparece talvez incontornável no que diz respeito à análise daquilo que emerge sob nossos olhos no nosso campo político de hoje, desmentindo também o fato de que o poder político é perfeitamente separado dos complexos familiares e que o poder, neste campo como em outros, escaparia aos efeitos da diferença sexual.

 

De onde a necessidade hoje de engajar uma pesquisa que esboçaria um tipo de retomada deslocada do texto de Freud (de 1925) e que poderia ser intitulada « Algumas consequências políticas da diferença anatômica entre os sexos »18. Consequência política então e não mais simplesmente psíquica.

 

De onde minha imprudência a evocar para este dia a figura majoritária de uma mulher de poder em nosso campo político que naturalmente aparece evidentemente primeiro como uma filha.

 

Enfim, e uma vez que eu propus evocar o esquema diretor da antropologia psicanalítica que domina nossos trabalhos, diria para totalizar que o que se percebe melhor agora, ao menos eu espero, é que a mulher como mulher, a verdadeira mulher na sua completude de mulher está situada do lado do ser e que isto tem importantes incidências no que se refere à situação com relação ao poder, com relação ao campo sociopolítico da clínica do caso e da das massas. O poder dos machos se situa quanto à ele, mais claramente do lado das posses.

 

Desde onde se deduz uma desarmonia entre os dois sexos sem relação sexual, certamente, mas não sem relação, pois vimos do ponto de vista do campo político, o ser sublime de Sygne é enganada em todos os sentidos do termo, pelos homens aos quais ela se encontra socialmente vinculada.

 

O que faz primeiramente a figura emblemática da mulher confrontada a esta forma moderna da castração pela qual, repito, seu desejo é retirado do sujeito que, em seguida se encontra lançado à ordem social, uma ordem aqui abominada. Sygne torna-se então um bem à serviço dos bens da dominação masculina. Mas, para meu breve esquema diretor, não situo aqui nada mais que o que, da mulher, consente desde sempre a se colocar ao serviço do bens para assegurar ao mesmo tempo a produção do que Lévi-Strauss chamava de As estruturas elementares do parentesco que são, naturalmente, polimorfas. A mulher, nessa tecelagem do laço social, torna-se esposa, mãe, e se for o caso, amante.

 

Relembramos então que, neste registro das posses, os machos trocam as mulheres como bens entre os bens. E, nos perguntamos, por que então o poder da troca dos bens como o poder político volta-se então, tradicionalmente, aos machos ?

 

Eu responderia claramente : porque sim !

 

Porque sim o quê ?

 

E bem, não existe outra razão que aquela que eu chamaria a razão sexual do poder das posses, um poder ao mesmo tempo arbitrário, quer dizer, fundado no imaginário corpo viril ; poder que é então arbitrário e no entanto universal. De onde o fato que, como eu já havia indicado19, não existe traços do matriarcado na história das civilizações, nem de idealização da mãe. É então um fato arbitrário e universal que a idealização em todas as civilizações é para o homem e que existe então um tipo de complacência somática no princípio universal do poder das posses da dominação masculina, hoje de uma fração ao menos no Ocidente.

 

Mas, digamos que, do ponto de vista da psicanálise, quem tem é o pai e mesmo o pai morto, e que tem o quê ? E bem, para Freud, é aquele que possui as virgens.

 

O que explica o motivo em particular de, do lado das mulheres, ser exatamente a virgem quem é idealizada e não a mãe. Mas a virgem é naturalmente do lado do nada, do lado do ser. O que faz o casal ideal, é mesmo o pai morto, ou deteriorado, e a filha ou a donzela.

 

É então pouco surpreendente do ponto de vista freudiano, de observar a incrível capacidade de polarização no nosso campo político deste casal constituído de uma filha, que eu diria, primeiro casada com seu pai mas também polarizada pelos seus amigos homossexuais machos.

 

E não é também incoerente de observar nessa lógica que esta filha conduz uma política, não no registro das posses onde se situa amplamente o resto do campo político, mas do lado do ser (ser francês), enquanto que é o registro econômico dos bens que, de maneira dominante, mobiliza de maneira extensiva o resto dos partidos do nosso campo político, fazendo do discurso político isto que se tornou largamente hoje : um discurso econômico.

 

Então, existe de fato um poder político da filha em nosso campo político. Há um poder do ser recobrindo o querer de um pai que teve a genialidade de perceber no ser da virgem o manto do ritual apropriado para recobrir sua diabólica vontade de segregação.

 

Eis então um rápido raio de luz analítica sobre a mulher de poder, talvez a mais poderosa do nosso campo político, e que por conduzir a partir de seu ser uma revolução nacional neste momento, como eu já disse, nas suas mãos, deve ser sem mais delongas levada em conta para nossa clínica das massas a qual procuraria elucidar ao menos em partes a incidência do poder no feminino na atualidade do mal-estar.

 

Sygne, por sua vez, não queria o querer de Turelure. Certo, mas ele era seu marido e não seu pai.

 

Em resumo, do lado do ser, do lado da mulher como mulher, há então usos diferenciais do poder do ser do qual a incidência maior é, repitamos, muito geralmente de causar o desejo.

 

Mas trata-se aqui dos usos do poder da mulher completa, o poder das mulheres que continua do lado do ser e naturalmente, para nosso esquema, resta que a mulher descompleta aquela que se faz mãe, esposa ou cortesã, abandona o registro do ser por aquele das posses e pelo serviço dos bens onde ela exerce outras modalidades de poder que nós iremos igualmente elucidar. Que contemplemos por exemplo – no que se refere ao poder da cortesã – a influência na corte do Rei da França da bela Madame de Montespan, a favorita de Luís XIV com quem ele teve sete filhos sem jamais ascender ao status de esposa, pois, como bem entre os bens, foi a infante da Espanha a escolhida como esposa do jovem Rei por sua própria mãe com a louvável ambição de pôr fim aos vinte e cinco anos de guerra entre a França e a Espanha.

 

Aqui verificamos que o regime da troca de bens ou de mulheres se faz pelo bem da Polis e que, se for preciso por razão analítica distinguir entre ser e ter, não é com fins de idealização, mas sim de progresso da análise clínica para qual enfim indico que além da verdadeira mulher localizada no registro do ser, a esposa ou a cortesã estão dispostas no campo do político do lado das posses e como posses.

 

E eu não poderia concluir este breve esquema sem evocar a campeã incontestável das mulheres de poder, a saber, a mãe cujo poder fetichista é também situável no registro das posses. Poder da mãe que pede sem cessar para ser reduzido, ao ponto em que eu poderia dizer,  para ser moderno, que a barriga de aluguel é exatamente o processo maior que a cultura exige de cada mãe.

 

Fim então deste esquema diretor onde vemos que a mulher colabora como mãe, esposa ou cortesã ao gozo masculino dos bens e que há nisto um mais-além do serviço dos bens no qual a mulher como mulher, a verdadeira mulher, em sua completude de mulher, diria Lacan, se distingue ao exercer de maneira polimorfa um poder do ser. Como aquela que se fez soldado deste pai que a reconheceu como apropriada a encarnar o ideal nacionalista de uma Joana a qual o programa político visa in fine à reduzir tanto a lógica das trocas como à negar a responsabilidade dos atos do sujeito para retenir contra ele sua responsabilidade de ser, ser judeu, muçulmano, estrangeiro, etc.

 

Sygne, por sua vez, recusa de fazer-se de soldado de Deus e indica por aí uma outra saída[18].

 

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[1]                     J. LACAN, Seminário, livro VIII – A transferência, Rio de Janeiro, Jorge Zahar Ed, 2010.

[2]                     P. CLAUDEL, « L’Otage », La Trilogie des Coûfontaines, Paris, Gallimard, 1965, p. 219-307.

[3]                     Id., p. 232.

[4]                     Id., p. 227-228.

[5]                     M. ZAFIROPOULOS, La question féminine, de Freud à Lacan : la femme contre la mère, Paris, Puf, 2010.

[6]              S. FREUD, “ Psicologia de grupo e análise do ego”,  Edição Standard Brasileira das obras psicológicas completas de Sigmund Freud, Rio de Janeiro, Imago, 1996, vol. 18.

[7]              S. FREUD, “ O tabu da virgindade”, op. cit., vol. 11.

[8]                     P. CLAUDEL, « L’otage », op. cit., p. 262.

[9]                     Id., p. 263.

[10]                  Id., p. 269.

[11]                  Id., p. 273-274.

[12]                  J. LACAN, op. cit., p. 399.

[13]                  P. CLAUDEL, « L’otage », op. cit., p. 297.

[14]                  J. LACAN, op. cit., p. 346.

[15]                  J. LACAN, op.cit., p. 382.

[16]                  M. ZAFIROPOULOS, Du mythe du Père mort au mythe du déclin du père de famille…où va la psychanalyse ? Essais d’Anthropologie psychanalytique I, Paris, Puf, 2013 ; Le symptôme et l’esprit du temps. Sophie la menteuse, la mélancolie de Pascal, et autres contes freudiens – Essais d’Anthropologie psychanalytique II, Paris, Puf, 2015.

[17]                  Oito meses após minha intervenção a história se acelera e « O escritório executivo da Frente Nacional, reunido em formação disciplinar, deliberou e decidiu, com maioria requisitada, pela exclusão do Sr. Jean Marie Le Pen como membro da Frente Nacional » anuncia um comunicado difundido na quinta-feira 20 de agosto de 2015, como para não somente confirmar o bem fundado da hipótese que eu avançava no 07 de janeiro de 2015, mais sobretudo demonstrar que a psicanálise « é uma ciência social » (como já apoiava Lévi-Strauss) e aqui uma ciência política sem a qual seria bem difícil de se localizar quanto ao que eu chamaria a incidência dos complexos familiares no centro mesmo do campo político. Dessa forma os especialistas ou simplesmente o leitor interessado terá talvez menos resguardo ao se reportar ao uso que eu faço da experiência psicanalítica para entender as práticas políticas, mesmo das guerras, como me dei conta − mas no après-coup − no primeiro volume dos meus ensaios de Antropologia Psicanalítica « Du Père mort au déclin du père de famille : où va la psychanalyse ? » e poderia ser também que meu ponto de vista sobre o funeste destino da orientação da psicanálise motivado pela ideia do declínio do pai não seja também totalmente desnudado de lucidez.

18                  18 O título do texto de Freud de 1925 é « Algumas consequências psíquicas da distinção anatômica entre os sexos » (1925), op. cit., vol. 19.

19                  19 M. ZAFIROPOULOS, « Qu’est ce que le matriarcat? », Du mythe du Père mort au déclin du père de famille, op. cit. ; La question féminine de Freud à Lacan ou la femme contre la mère, op. cit.

[18]                  Tradução: Juliana KÖNIG BORNHOLDT, Marcos VINICIUS BRUNHARI.

 


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(RUS) Sygne-полиглот – Маркос Зафиропулос


Editorial


 

По причине увеличения числа международных контактов и утверждения интернационального характера Международной Группы Психоаналитической Антропологии (CIAP), важной составляющей которой является журнал Sygne, мы решили предоставить нашим читателям первый выпуск журнала, показывающий нашу многоязычную направленность. Это мы и сделали в надежде — посредством языков — вывести из изоляции размышления Фрейда о специфике страдания современного человека, о котором, на уровне частного случая, свидетельствуют множество симптомов и фантазмов, а также большое разнообразие культурных недомоганий с которыми оно связано, если учитывать, что субъект бессознательного — это функция языка, мифов и обычаев, структур родства, в том числе социально-исторических конъюктур, требующая для расшифровки так называемую состыковку между психоаналитическим опытом и достижениями других социальных наук (История, социология, этнология и т. д…). Наконец, кульминацией того, что мы называем психоаналитической антропологией, является не что иное, как раздел психоанализа, разработанный на базе масс, где мы находим непреходящую традицию фрейдистских текстов, от Культурной сексуальной морали до Моисей и монотеизм через Тотем и табу, или Психологию масс и анализ человеческого Я. Согласие Лакана с этой фрейдистской точкой зрения неоспоримо, учитывая то, насколько он проникся желанием Фрейда. Сперва это  желание возвращается в Париже через голос Лакана, а затем и во всемирный масштаб, где в свою очередь, скромно но прочно располагается желание нашей ассоциации. Верно то, что именно этот возврат направляет нашу работу: и не только через верность переносу, но и потому что, следуя путям ведущим от Фрейда к Лакану, мы видим всё то, что этот последний привносит в обновление эффектов символических отправлений, сопровождающих историческую эволюцию западной культуры в их влиянии на формальную оболочку симптома. Мы также обязаны работам Лакана в решении некоторых значимых вопросов, оставленных Фрейдом — и, по крайней мере, для одной части —, без возможности ответить на них, например, в отношении психозов или женского вопроса. Лакан не переставал возвращаться к этим вопросом в соответствии с ритмом, налагаемым периодизацией его исследовательской мысли, проходящей, в частности, от момента его социологических исследований к структурному моменту и, наконец, возможно, к логическому моменту[1].

 

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[1]Traduction Maria  KARZANOVA

 


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(EN) Polyglot Sygne – Markos ZAFIROPOULOS


Editorial


 

Given the global nature of the conversation and the international dimension of the Cercle International d’Anthropologie Psychanalytique (CIAP), of which Sygne is the principal voice, it was imperative that we move quickly to offer to our readers this issue called Babel to prove that Sygne is indeed multilingual. Here it is. I hope that this issue will contribute to make accessible through the languages Freud’s insights into the torments of modern man, whose profound specificities are attested to by the manifold symptoms and phantasies that we encounter in our clinical work as well as by the wide diversity of the expressions of discontent in modern civilization from which they arise. This link is inevitable, given that the subject of the unconscious is a function of language, of the myths and rituals, the structures of kinship, but also the socio-historical movements, which in order to become meaningful require a cross-fertilization between what can be brought to light in the psychanalytic experience and the advances of the other social sciences (history, sociology, ethnology, etc.).

 

The sum of these interactions culminates ultimately in what we call psychoanalytic anthropology and which is nothing else than a new chapter of psychoanalysis written with the collective in mind, where we respectfully join the great tradition of Freudian texts from Civilized Sexual Morality and Modern Nervous Illness over Totem and Taboo and Collective Psychology and Analysis of the Ego to The Man Moses and Monotheism.

 

Lacan’s affirmation of this Freudian perspective is undeniable, given that he affirmed Freud’s desire in its totality. The latter thus returned articulated through Lacan’s voice first in Paris and then on the global scene, where we modestly but determinedly place ourselves, given that it is primarily this return that orients our work. We do so not primarily because of transferential loyalty, but because we see in following the paths leading from Freud to Lacan everything that the latter bring to the effort of updating the impacts of the symbolic contortions that accompany the historical evolution of Western civilization inasmuch it they affect the formal envelope of the symptom. Similarly, we owe to Lacan’s work several crucial clarifications of some of the great questions that Freud left us, sometimes, partly at least in a state of stalemate, such as, for instance, the question of psychosis or the feminine question, which were constantly worked through by Lacan according to the rhythm imposed by the different periods of his research, which passed notably from a sociological period through a structuralist period and finally, perhaps, a logician period[1].

 

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[1]Traduction Jan Horst KEPPLER

 


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(RO) Sygne poliglotă – Markos ZAFIROPOULOS


Editorial


 

Având în vedere actualul context, cel al mondializării schimburilor, precum şi dimensiunea internaţională a Cercului nostru (Cercul Internaţional de Antropologie Psihanalitică – CIAP) pentru care Sygne este voce, considerăm că este imperios necesară punerea la dispoziţia cititorilor noştri a unui număr „Babel” prin care atestăm faptul ca Sygne este poliglotă. Este cazul actualului număr care prin pluralitatea limbilor va facilita, sper, descifrarea freudiană a suferinţei omului modern în profunda sa particularitate – de care dă seama însăşi pluralitatea simptomelor şi fanstasmelor în clinica de caz precum şi excepţionala diversitate a formelor de malaise,  indispoziţii în cultură cărora aceste simptome le corespund, întelegând aici că subiectul inconştientului este funcţie de limbaj, de mit si de rit, de structură de înrudire dar şi de conjunctură socio-istorică, funcţie care, pentru a deveni inteligibilă, impune capitonajul între ceea ce poate fi adus la lumina de către experienţa psihanalitică şi rezultatele celorlaltor ştiinţe sociale (istoria, sociologia, etnologia, etc.)

 

Acest ansamblu culminează cu ceea ce noi numim  „antropologie psihanalitică”, ce nu este nimic altceva decât un capitol al psihanalizei dezvoltat pe versantul colectiv în cadrul căruia regăsim marea tradiţie a textelor freudiene: de la „Morala sexuală culturală şi nervozitatea modernă”, până la „Moise şi monoteismul”, trecând prin „Totem şi tabou” sau „Psihologia colectivă şi analiza eului”.

 

Faptul că Lacan şi-a însuşit această perspectivă freudiană este puţin contestabil, având în vedere că acesta şi-a asumat în întregime dorinţa lui Freud care se întoarce astfel mai întâi la Paris prin vocea lui Lacan iar mai apoi pe plan mondial, acolo unde, cu modestie dar şi cu determinare, ne situăm noi înşine ţinând cont că propria noastră muncă de cercetare este orientată de această întoarcere, nu datorită sau nu doar datorită fidelităţii transferenţiale, ci datorită faptului că parcurgând drumul care duce de la Freud la Lacan, înţelegem  întreaga contribuţie a acestuia din urmă cu privire la actualizarea efectelor deplasării simbolice ce acompaniază evoluţia istorică a culturii occidentale, afectând învelişul formal al simptomului.

 

Totodată, datorăm operei lui Lacan câteva soluţii cruciale la marile întrebări lăsate uneori, cel puţin în parte, în impas de către Freud – cum ar fi spre exemplu problema psihozelor sau chestiunea feminină, subiecte reluate necontenit de Lacan potrivit cu periodizarea muncii sale de cercetare, respectiv trecerea de la perioada sa sociologică la perioada structuralistă şi în fine, probabil, a logicii[1].

 

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[1]Traducerea – Paul ROBE


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(POR) Sygne polyglota – Markos ZAFIROPOULOS


Editorial


 

Levando em conta a mundialização das trocas e da dimensão internacional do Círculo Internacional de Antropologia Psicanalítica (CIAP) da qual Sygne é uma grande voz, era preciso disponibilizamos aos nossos leitores um número Babel atestando que Sygne é poliglota. É o que foi feito neste número. Espero que ele contribuirá pelas línguas com a elucidação freudiana dos tormentos da modernidade em suas profundas particularidades testemunhadas na pluralidade dos sintomas e dos fantasmas da clínica, como na eminente diversidade do mal-estar pelas culturas. Entende-se que o sujeito do inconsciente é uma função da linguagem, dos mitos, dos ritos, das estruturas do parentesco e das circunstâncias sócio-históricas. Sua inteligibilidade exige esse tipo costura entre o que pode ser atualizado pela psicanálise e o avanço das outras ciências sociais (história, sociologia, etnologia etc). Este conjunto culmina no que chamamos de antropologia psicanalítica, um capítulo da psicanálise desenvolvida sobre a dimensão coletiva do sujeito onde encontramos uma grande tradição nos textos freudianos ; da Moral sexual civilizada ao Moisés e o monoteísmo passando por Totem e tabu à Psicologia das massas e a análise do Eu e Lacan endossou essa perspectiva freudiana. O conjunto do desejo de Freud fez seu retorno pela voz de Lacan, primeiro em Paris e em seguida no plano mundial, onde nos situamos modestamente, mas orientados por este retorno. Não se trata apenas de fidelidade transferencial, pois seguindo os caminhos que levam de Freud à Lacan, percebemos a atualização dos descompassos simbólicos que acompanham a evolução histórica da cultura ocidental afetando o envelope formal do sintoma. Devemos à obra de Lacan algumas resoluções cruciais de grandes questões deixadas por Freud e alguns de seus impasses, como é o caso das psicoses ou da questão feminina sempre retomadas por Lacan, segundo os períodos de sua pesquisa, passando do momento sociológico, para o momento estruturalista e talvez enfim, ao momento logicista[1].

 

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[1]Traduction : Renato SARIEDINNE


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(ESP) Sygne políglota – Markos ZAFIROPOULOS


Editorial


 

Debido a la mundialización de los intercambios y a la dimensión internacional del Círculo Internacional de Antropología psicoanalítica (CIAP), círculo del cual Sygne es una voz importante, había que poner rápidamente a la disposición de nuestro lectorado un número Babel para bien señalar que Sygne es políglota. Esto ya está hecho entonces con este número que, así lo espero, va a contribuir a desenclavar a través de las lenguas la elucidación freudiana de los tormentos del hombre moderno en sus profundas particularidades, de los cuales dan testimonio la pluralidad de los síntomas y fantasmas en la clínica del caso, pero también la eminente diversidad de los malestares culturales a los cuales están relacionados, siendo entendido que el sujeto del inconciente es una función del lenguaje, de mitos y de ritos, de estructuras del parentezco pero también de coyunturas socio-históricas que exigen pues, para ser intelegibles, esa especie de almohadillado entre lo que puede darse a la luz por la experiencia psicoanalítica y los avances de las otras ciencias sociales (historia, sociología, etnología, etc.). Todo este conjunto culminando finalemente en lo que llamamos la antropología psiconalítica y que no es más que un capítulo del psicoanálisis desarrollado en la vertiente colectiva en la cual encontramos la gran tradición de los textos freudianos, de La Moral sexual civilizada, a Moisés y la religión monoteísta, pasando por Totem y tabú o La Psicología de las masas y el análisis del Yo. Que Lacan haya endosado esta perspectiva freudiana es poco contestable, dado que endosó el conjunto del deseo de Freud que retorna a través de la voz de Lacan primero en París, luego en un plano mundial en el cual nos situamos nosotros a la vez, con modestia, pero con determinación, puesto que es primeramente este retorno que orienta nuestros trabajos, no sólo por fidelidad transferencial, sino porque al seguir los caminos que llevan de Freud a Lacan se percibe todo lo que Lacan aporta en cuanto a la actualización de los efectos de modificación simbólicas que acompañan la evolución histórica de la cultura occidental modificando la envoltura formal del síntoma. Del mismo modo que debemos a la obra de Lacan algunas resoluciones cruciales de las grandes cuestiones, a veces dejadas por Freud – al menos en parte-, en un callejón sin salida, como por ejemplo las psicosis o la cuestión femenina, retomada sin cesar por Lacan según el ritmo impuesto por la periodización de su investigación, que pasa particularmente del momento sociologista al momento estructuralista y, por fin, quizà, al momento de la lógica.

 

 


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(FR) Sygne polyglotte – Markos ZAFIROPOULOS


Editorial


 

Compte tenu de la mondialisation des échanges et de la dimension internationale du Cercle International d’Anthropologie Psychanalytique (CIAP) dont Sygne est une grande voix il fallait rapidement mettre à la  disposition de notre lectorat un numéro Babel attestant du fait que Sygne est polyglotte. C’est chose faite avec ce numéro qui je l’espère contribuera à désenclaver par les langues l’élucidation freudienne des tourments de l’homme moderne dans leurs profondes particularités, dont témoignent la pluralité des symptômes et des fantasmes pour la clinique du cas, mais aussi  l’éminente diversité des malaises culturels auxquels ils sont liés étant entendu que le sujet de l’inconscient est une fonction du langage, des mythes et des rites, des structures de parenté mais aussi des conjonctures socio-historiques ; conjonctures qui exigent donc pour devenir intelligibles cette sorte de capitonnage entre ce qui peut être mis au jour par l’expérience psychanalytique et les avancées des autres sciences sociales (histoire, sociologie, ethnologie, etc.). L’ensemble culminant enfin dans ce que nous nommons l’anthropologie psychanalytique et qui n’est rien d’autre qu’un chapitre de la psychanalyse développé sur le versant collectif où nous retrouvons la grande tradition des textes freudiens, de La Morale sexuelle civilisée à L’Homme Moïse et le monothéisme en passant par Totem et tabou, ou encore Psychologie collective et analyse du moi. Que Lacan ait endossé cette perspective freudienne est peu contestable étant entendu qu’il endossa l’ensemble du désir de Freud faisant donc retour par la voix de Lacan à Paris d’abord puis au plan mondial où nous nous situons à notre tour avec modestie mais détermination tant il est vrai que c’est d’abord ce retour qui oriente nos travaux, non pas ou pas seulement par fidélité transférentielle mais parce qu’à suivre les chemins qui mènent de Freud à Lacan on aperçoit tout ce que ce dernier amène quant à l’actualisation des effets des déboîtements symboliques qui accompagnent l’évolution historique de la culture occidentale affectant l’enveloppe formelle du symptôme. De même que nous devons à l’œuvre de Lacan quelques résolutions cruciales de grandes questions quelquefois laissées par Freud – et au moins pour une part – en impasse, comme il en est par exemple des psychoses ou de la question féminine sans cesse reprises par Lacan selon le rythme imposé par la périodisation de sa recherche passant notamment du moment sociologiste au moment structuraliste et enfin peut-être au moment logicien.

 


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Babel | n°2/ 2017-2018

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S Y G N E International

REVUE DE PSYCHANALYSE EN LIGNE

Babel   | n°2/ 2017-2018

 S Y G N E : … signe que non

 

L’énigmatique négation qui signe la tragédie moderne, ce tic qui aux yeux de beaucoup défigure et rend méconnaissable le sujet, il revient à l’éthique de la psychanalyse de continuer à le supposer signifiant. Dans cette optique, le CIAP a choisi le nom de Sygne, une manière pour notre groupe, non pas de rendre hommage à son vain sacrifice au nom du Père, mais au contraire de reconnaître sa valeur d’otage dans la tragédie généralisée du Verbe. Fidèles à la filiation freudo-lacanienne et à l’orientation du CIAP, les pages numériques de la revue SYGNE seront dédiées au renouvellement de l’analyse du malaise dans la culture et de ses formes variables d’expressions. Signe que non, nunca es triste la verdad lo que no tiene es remedio…

 

The enigmatic negation which characterizes the modern tragedy, which in the eyes of many disfigures and renders the subject unrecognizable, must continually be supported by the ethics of psychoanalysis, thereby becoming meaningful. From this perspective, the CIAP has chosen the name of Sygne, a way for our group – not to pay homage to Sygne’s vain sacrifice in the name of the Father – but on the contrary, to recognize its value of being a hostage in the generalized tragedy of the Word. In order to remain faithful to the Freud-Lacanian lineage and the orientation of the CIAP, the digital pages of the journal SYGNE will be dedicated to the renewal of the analysis of civilization and Its malaise and its variable forms of expression.  Signifying that no, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio…

 

Le corresponde a la ética del psicoanálisis continuar suponiendo significante la negación enigmática que distingue la tragedia moderna, ese tic que a los ojos de muchos desfigura y hace irreconocible al sujeto, Desde esta perspectiva, el CIAP ha elegido el nombre de Sygne, como una manera para nuestro grupo, no de rendir homenaje a su sacrificio inútil en el nombre del Padre, sino, por el contrario, para reconocer su valor de rehén en la tragedia generalizada de la Palabra. Fieles al linaje freudiano-lacaniano y a la orientación del CIAP, las páginas digitales de la revista SYGNE se dedicarán a la renovación del análisis del malestar en la cultura y sus formas variables de expresión. Signo que no, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio…

 


  • Voir en ligne  (site Sygne): SYGNE N°2/2017-2018

Sygne N°0  sur Calaméo

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(ESP) Sygne políglota –  Markos ZAFIROPOULOS

(POR) Sygne polyglota –  Markos ZAFIROPOULOS

Traduction : Renato SARIEDINNE

(RO) Sygne poliglotă –  Markos ZAFIROPOULOS

Traducerea – Paul ROBE

(EN) Polyglot Sygne –  Markos ZAFIROPOULOS

Traduction : Jan Horst KEPPLER

(RUS) Sygne-полиглот –  Маркос Зафиропулос

Traduction : Maria  KARZANOVA

 


SOMMAIRE

LES RUBRIQUES :


 DOSSIER


ARTICLES EN LANGUE PORTUGAISE


As lições de Sygne de Coûfontaine. O poder das mulheres e as mulheres de poder Markos ZAFIROPOULOS

Tradução: Juliana KÖNIG BORNHOLDT, Marcos VINICIUS BRUNHARI


Por uma genealogia psicanalítica do poder – Gérard Pommier

Tradução: Mariana ORLANDI

ARTICLES EN LANGUE ESPAGNOLE


Las lecciones de Sygne de Coûfontaine. El poder de las mujeres y Las mujeres de poder – Markos ZAFIROPOULOS

Jornada del 1è de enero de 2015 del Cercle International d Anthropologie Psychanalytique
Traducción : Adriana VARONA

La mujer contra la madre – Gabriel LOMBARDI
Secuelas lógicas en Lacan del texto de antropología psicoanalítica de Markos Zafiropoulos

Para una genealogía psicoanalítica del poder – Gérard POMMIER


Amor del poder y deseo del soberano – Paul Laurent Assoun

Traducción : Alexandra Lund

Figuras del héroe y lógicas del inconsciente : de Freud a Lacan – Markos ZAFIROPOULOS

Traducción : Mariana VARONA MARMOLEJO

ARTICLE EN LANGUE ROUMAINE Figures clinique du pouvoir – Markos ZAFIROPOULOS


Dominația masculină: o analiză clinică a unei forme majore de putere (Bourdieu, Lacan, Lévi-Strauss) Markos ZAFIROPOULOS

Traducerea și adaptarea din limba franceză: Paul ROBE și Ruxandra POPESCU

ARTICLE EN LANGUE RUSSE  Figures clinique du pouvoir – Markos ZAFIROPOULOS 


Клиническая фигура власти: мужское господство – Маркос Зафиропулос*

(Бурдье с Лаканом и Леви-Строссом).

*                       * Заведующий исследовательской частью в CNRS (Национальный Центр Научных Исследований) и в Университете Пари-Дидро. Президент CIAP (Международная Группа Психоаналитической Антропологии). Психоаналитик, член EA (Espace Analytique)

 Maria KARZANOVA

VARIA


La femme contre la mère  –  Gabriel LOMBARDI

Suites logiques chez Lacan du livre de Markos Zafiropoulos : La question féminine, de Freud à Lacan ou la femme contre la mère, PUF Paris, 2010.

O crime,  a lei e o objeto a (sobre o fantasma e o sacrifício) – Renato SARIEDINNE


« Sortir du confort de la pensée occidentale » – Lionel LE CORRE

Entretien avec Abdellah Taïa

Liminality and mourning – Raphaëlle RABANES

a clinical ethnography

Introduction aux échanges pour une analyse Freudienne du capitalisme financier – Markos ZAFIROPOULOS


« The metapsychology of the trader : neurosis or denial of the name-of-the-father ? » –  Jan Horst KEPPLER


Bibliothèque de Sygne


Nota de lectura : Markos ZAFIROPOULOS, Le symptôme et l’esprit du temps. Sophie la menteuse, la mélancolie de Pascal… et autres contes freudiens, Paris, Puf, 2015 – Maria OTERO ROSSI


Palabras preliminares – Amelia Haydée IMBRIANO

A proposito de « La cuestion feminina de Freud a Lacan. La mujer contra la madre » de Markos Zafiropoulos

Lacan e Lévi-Strauss, ou o retorno a Freud – Markos ZAFIROPOULOS


Lacan et Lévi-Strauss ou le retour à Freud – Markos ZAFIROPOULOS


Note de lecture : Lionel Le Corre, L’Homosexualité de Freud, Paris Puf, 2017 – Markos ZAFIROPOULOS


L’agenda du CIAP


Le séminaire


La journée


Les vidéos de Sygne


Alain et Catherine Vanier : « Maud Mannoni »


Les auteurs


Paul-Laurent ASSOUN : Professeur émérite de psychopathologie à l’Université Paris Diderot, Analyste Praticien adhérent d’Espace Analytique (APaEa).

Amelia H. IMBRIANO : Doctora en psicología clínica, Profesora titular y Decana del Departamento de Psicoanálisis de la Universidad Argentina J.F. Kennedy.

Maria KARZANOVA : Psychologue clinicienne, Paris.

Juliana KÖNIG BORNHOLDT : Psychologue clinicienne, Doctorante en psychopathologie et psychanalyse, Université Paris Diderot.

Jan Horst KEPPLER : Professeur d’économie à l’Université de Paris-Dauphine.

Lionel LE CORRE : Analyste praticien, Chercheur associé au CRPMS à l’Université Paris Diderot, Docteur en anthropologie psychanalytique.

Gabriel LOMBARDI : Profesor titular regular de Clínica psicológica de adultos, ‎Universidad de Buenos-Aires.

Alexandra LUND : Psychologue clinicienne, Paris.

Vannina MICHELI-RECHTMAN : Médecin Psychiatre, Analyste Membre d’Espace Analytique (aMEa).

Mariana ORLANDI : Psychologue clinicienne, Analyste praticien, Docteur en psychopathologie et psychanalyse, Université Paris Diderot.

Maria OTERO ROSSI : Psychologue clinicienne, Docteur en psychopathologie et psychanalyse, Université Paris Diderot.

Gérard POMMIER : Professeur émérite de psychopathologie, Analyste Membre d’Espace Analytique (aMEa).

Raphaëlle RABANES : Psychologue clinicienne, Doctorante en anthropologie de la médecine, Université de Berkeley.

Paul ROBE : Psychologue clinicien, Chercheur associé au CIAP.

Renato SARIEDINNEARAUJO : Chercheur associé au PSYLACS à l’Université Fédérale de Minas Gerais, Chercheur associé au CIAP, Docteur en anthropologie psychanlytique.

Abdellah TAÏA : Ecrivain et Cinéaste, Paris.

Maria Jesus TOBAR CLASSEN : Psychologue clinicienne, Paris.

Adriana VARONA MARMOLEJO : Doctorante en « Recherches en psychanalyse », Université Paris Diderot.

Marcos Vinicius BRUNHARI : Psychologue clinicien, Doctorant en psychologie clinique, Université de São Paulo.

Markos ZAFIROPOULOS : Directeur de recherche émérite au CNRS, Directeur de recherches à L’École Doctorale « Recherches en psychanalyse et Psychopathologie », Université Denis Diderot, Analyste Membre d’Espace Analytique (aMEa).